La conmemoración del Día de la Victoria en Moscú dejó al descubierto un escenario incómodo para el Kremlin: Vladimir Putin enfrenta presiones crecientes tanto en el frente externo como en el interno. El acto, marcado por la ausencia de despliegue militar en la Plaza Roja y por un tono apagado, reflejó la tensión de un líder que intenta sostener el relato de fortaleza mientras la guerra en Ucrania se prolonga sin resultados decisivos. Putin, al dirigirse a la prensa tras los festejos, lanzó una frase que acaparó titulares: “Creo que el asunto está llegando a su fin”. Sin embargo, lejos de insinuar una retirada, el mandatario insistió en que el conflicto debe concluir bajo sus condiciones. En su discurso, acusó a las élites occidentales de haber provocado la guerra y de subestimar la resistencia rusa, reafirmando que no modificará sus exigencias para un eventual cierre del enfrentamiento. El desgaste no proviene únicamente del campo de batalla. En Rusia, la población enfrenta aumentos de impuestos, restricciones severas en internet y una economía debilitada que ha encarecido los alimentos y servicios básicos. Según Boris Nadezhdin, opositor excluido de las presidenciales de 2024, el malestar social recuerda a la crisis de los años noventa y se expresa en tres frentes: jubilados golpeados por la inflación, jóvenes frustrados por los bloqueos digitales y una sociedad cansada de una guerra que ya cumple cinco años. Aunque los índices de aprobación de Putin siguen siendo relativamente altos, el Centro Levada advierte que las encuestas en sistemas autoritarios tienen limitaciones. Analistas como Stefan Meister sostienen que el presidente ruso se encuentra bajo presión y obligado a reaccionar, aunque todavía conserva un margen de apoyo que le permite maniobrar. La intensificación de los ataques ucranianos con drones y misiles de largo alcance ha incrementado la vulnerabilidad del Kremlin. A ello se suman los recientes asesinatos de dirigentes iraníes por parte de Estados Unidos e Israel, que han alimentado los temores de Putin sobre su propia seguridad y justificado nuevas restricciones digitales. El desfile del sábado estuvo rodeado de especulaciones sobre posibles ataques, lo que derivó en un operativo de seguridad extraordinario. Mientras tanto, Volodimir Zelenski aprovechó la ocasión para ironizar sobre el evento, asegurando que “permitía” la celebración en la Plaza Roja, gesto que el Kremlin rechazó con firmeza.
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