En el aire espeso de la política española, el Consejo de ministros acaba de soltar una bomba que reconfigura el tablero migratorio: la regularización extraordinaria de medio millón de personas que hasta ahora vivían en la penumbra administrativa. No es un gesto menor, es un viraje que el Ejecutivo de Pedro Sánchez presenta como un acto de justicia histórica y de normalización social. La portavoz Elma Saiz puso palabras al trasfondo humano de la medida: habló de vecinos que ya forman parte de la vida cotidiana, de niños que comparten pupitre, de calles que laten gracias a quienes hasta ayer eran invisibles para el Estado. El decreto abre la puerta a residencia, trabajo y acceso a la sanidad, siempre que se cumplan requisitos claros: haber llegado antes del 1 de enero de 2026, demostrar al menos cinco meses de permanencia continua, carecer de antecedentes penales y no representar amenaza para la seguridad pública. El permiso inicial será de un año, con posibilidad de integrarse luego en las figuras previstas por la ley de extranjería. El proceso arranca de inmediato: primero de manera telemática y, desde el día 20, también presencial. Sánchez, desde su visita oficial en China, celebró la decisión en redes sociales como un acto de “normalización” y de “justicia con nuestra propia historia”. La oposición no tardó en reaccionar. El Partido Popular, con Alma Ezcurra a la cabeza, calificó la iniciativa de temeraria y criticó la falta de previsión sobre cuántos se acogerán al proceso. El choque político es inevitable: mientras el Gobierno defiende la medida como un reconocimiento a la realidad social, la oposición la denuncia como improvisación peligrosa. La crónica de este día quedará marcada por la tensión entre dos relatos: el de un Ejecutivo que busca abrir un nuevo capítulo en la política migratoria y el de una oposición que advierte sobre los riesgos de un salto al vacío. Lo cierto es que, con esta decisión, España se adentra en un terreno inédito que promete transformar la vida de cientos de miles de personas y, de paso, reconfigurar el debate político en los próximos meses.
Compartir
a>