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El ministro de Economía, Martín Guzmán, se mostró al frente del conflicto cambiario desatado la semana pasada no sólo ratificando la intención de no devaluar sino que, insistiendo en que habrá “un cambio en la dirección del control en el dólar contado con liquidación. Vamos a ir moviéndonos en la dirección de ir facilitando esas operatorias”, adelantó, en relación a este mecanismo que permite girar dólares al exterior vía la Bolsa a $165. El cúmulo de restricciones despojaron de liquidez a este canal, poniendo presión sobre el precio. Se estima que habría el equivalente a unos US$7.000 millones esperando para salir como consecuencia de las últimas trabas, sobre todo para no residentes. La brecha entre el contado con liquidación y el dólar oficial aumentó en casi 45 puntos en los últimos 20 días. Más allá de las reservas que languidecen, hay poder de fuego disponible. Es cierto que las reservas brutas suman US$ 40.800 millones pero las “líquidas” suman US$ 1.100 millones, cuando a comienzos de año superaban las US$ 9.000 millones. “La entidad también podría activar parte del swap con China (de casi US$19.000 millones) que tiene un costo de 7% anual, o vender parte de la tenencia de bonos (US$6.000 millones a un costo de 15% anual)”. En la misma línea, especialistas sostienen que: “Las expectativas de devaluación parecen inmunes a toda medida. Tanto es así que la suba de tasas generó un impacto prácticamente nulo y el endurecimiento del cepo apenas logró contener la sangría de reservas. De hecho, el BCRA ya se desprendió de casi US$1.000 millones desde el 15 de septiembre”.

Se refiere a la fecha en que se anunció, entre otras cosas, las nuevas limitaciones para el acceso minorista al cupo de US$200 y se buscó atraer agrodólares. En esta ocasión, en cambio, se volvió a poner el foco en la demanda, endureciendo el acceso a divisas de los importadores. Jorge Vasconcelos, desde el IERAL, explica que la brecha “es el síntoma más evidente de los desequilibrios macroeconómicos que habrán de empujar con más fuerza a la inflación. Desde diciembre, el Banco Central emitió $1,9 billones para financiar al Tesoro, a un ritmo anualizado equivalente a 9,5 puntos del PIB y, para moderar el impacto inflacionario, absorbió una fracción significativa a través de pases y Leliq. Así, sus pasivos que devengan interés se incrementaron al ritmo anualizado de 5,3 % del PIB”, detalla. Es la deuda que contrae el Central con bancos para tratar de contener la vorágine de pesos que emite. Un pasivo por el que, claro, debe pagar intereses.

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