La Legislatura porteña abrió sus puertas al nuevo ciclo ordinario bajo la conducción de Jorge Macri, quien eligió un tono firme y calculado para marcar la agenda. El jefe de Gobierno se presentó como anfitrión de un discurso que mezcló respaldo al rumbo económico nacional con la insistencia en un viejo reclamo: la deuda que la Ciudad atribuye al recorte de la coparticipación durante la gestión de Alberto Fernández. Macri buscó equilibrar apoyos y exigencias. Ratificó su acompañamiento al presidente Javier Milei en la cruzada por ordenar las cuentas públicas, pero dejó en claro que no piensa soltar la bandera de los fondos que, según él, pertenecen a los porteños. “Este gobierno baja impuestos y mantiene servicios”, subrayó, en un mensaje que buscó diferenciar su gestión de la austeridad nacional. El relato del mandatario porteño se apoyó en cifras y ejemplos concretos: con lo adeudado, dijo, podrían levantarse tres nuevas líneas de subte, ampliar la red de TramBus, renovar 800 escuelas y modernizar hospitales y centros de salud. La enumeración funcionó como un catálogo de lo que la Ciudad siente que se le niega. En su crónica de gobierno, Macri se mostró como aliado de la Casa Rosada en la macroeconomía, pero opositor tenaz en la cuestión de los recursos: “El acompañamiento nunca nos hizo retroceder en nuestro planteo”, insistió, dejando ver que la relación con Nación se mueve en un delicado equilibrio: cooperación en lo general, disputa en lo concreto. La sesión inaugural terminó con un mensaje de continuidad: propuestas que se seguirán presentando y negociaciones que, según el jefe de Gobierno, avanzan mes a mes. La política porteña arranca el año con un guion claro: inversión en seguridad y obra pública, respaldo a Milei, y un reclamo persistente que promete convertirse en uno de los ejes de la relación entre Ciudad y Nación.
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