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A minutos de que el Indec soltó la cifra de inflación de marzo de 3,4% mensual, 32,6% acumulado en lo que va del año, Javier Milei salió al ruedo con un gesto que mezcla urgencia y cálculo político. “El dato es malo”, repitió, como si la contundencia de la frase buscara neutralizar la incomodidad. El Presidente apeló a un posteo reciente de su ministro de Economía, Luis Caputo, para justificar la suba: corrección de precios relativos, tensiones externas y el petróleo encarecido por la guerra en Medio Oriente. La escena se inscribe en un clima de desgaste: diez meses consecutivos de aumentos en el IPC, con la división Educación disparada al 12,1% por el inicio de clases, transporte en alza por combustibles y pasajes, y las carnes trepando 6,9% en el Gran Buenos Aires. El rubro regulado, con un salto del 5,1%, expone el impacto de tarifas y servicios públicos. La política no se mide sólo en porcentajes. La inflación en dólares, que acumuló más del 13% en el primer trimestre, reconfigura incentivos y golpea la competitividad. El dólar oficial, que bajó de $1.400 en octubre a $1.370 en marzo, quedó rezagado frente a una inflación interna del 15%. Para recuperar el poder de compra previo, advierten los analistas, debería superar los $1.600. El Banco Central, con su Índice de Tipo de Cambio Real Multilateral en 83,31 puntos, refleja la apreciación del peso y la pérdida de competitividad externa. En ese tablero, Milei juega a dos puntas: admite que el dato es “repugnante”, pero se aferra a la expectativa de que la curva se doblegue en los próximos meses. 

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