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Con consultas a economistas privados, más alguna revisión de cuentas públicas, terminará la “Staff Visit” del Fondo Monetario Internacional. Prácticamente se descuenta que Argentina obtendrá un aval del cuerpo técnico del organismo a su propuesta de plan de pagos en cuotas y con un tiempo libre para “volver a equilibrar las cuentas públicas y convertirlas en sustentables”; según la promesa que se le hizo en Buenos Aires a los enviados de Kristalina Georgieva. Sin embargo, saben en Olivos, que sin el voto positivo de los Estados Unidos y sus aliados, no habrá final feliz en la propuesta. La situación parece estar quedando en claro en estos días de circulación de la avanzada del “Staff Visit” del jefe de la misión argentina, Luis Cubeddu y la directora adjunta para el Hemisferio Occidental, Julie Kozac; donde la posición del venezolano y la norteamericana es concreta. Ambos se reunieron ya con todos los funcionarios clave del manejo de la política económica, fiscal y monetaria del país; pidiendo los números de las variables de rigor, sin críticas ni ponderaciones, pero aclarando que no hay mayores motivos de preocupaciones. Prometiendo además como único gesto altruista hacia sus interlocutores locales, que desde Washington habrá comprensión total a la situación de crisis terminal que vive el país en este segundo semestre del 2020. Y que, tal como dictaminó públicamente la directora gerente, no habrá pedidos de ajustes estructurales.

La avanzada en Buenos Aires le dejó en claro a sus interlocutores locales, que en la misión en serio del organismo y dentro de los términos del “Artículo IV” de la entidad; sólo tendrán que defender los pronósticos para el 2021 que los propios Martín Guzmán y Miguel Pesce le están entregando a Cubeddu y Kozac. Todo esto, obviamente, siempre y cuando el gobierno de Alberto Fernández no pida más dinero y que la negociación se trate únicamente de definir los plazos para un plan de pago de los u$s 44.860 millones que el país le debe al FMI por el stand by caído desde septiembre del año pasado. Luego, le dejaron en claro al gobierno desde Washington vía interlocutores oficiales de esa ciudad, el país tendrá que hacer su propio despliegue político para convencer al board de apoyar el acuerdo que recomiende el staff.

Desde el Poder Ejecutivo hay una tarea de relojería para lograr esta meta. La polémica con la fallida embajadora en Rusia Alicia Castro por el caso Venezuela, y el llamado del lunes pasado de Alberto Fernández con el primer ministro holandés, Mark Rutte, que derivó en una declaración conjunta donde se mencionó que el europeo le dijo al argentino que “ayudaremos en todo lo que podamos con el Fondo Monetario Internacional FMI y apenas pase la crisis nos reuniremos personalmente”. Se supone que el acuerdo cerrado en febrero pasado por Alberto Fernández en su gira europea con los gobiernos de Francia, Alemania y España aún está vigente; con lo que, sumado al voto de los Países Bajos, un porcentaje importante estará garantizado. Si se sumaran los apoyos de los países aliados Rusia, China y América Latina, habrá otro paso importante. El problema que tiene el país, es que al reclamar un plan de pagos por fuera de las líneas estructurales del organismo fijadas en su Carta Orgánica, el país está obligado a lograr el 85% de los votos. En otras palabras, más tarde o más temprano, se necesitará el voto de los Estados Unidos; quién detenta el 16,74% de los votos. En conclusión, y siguiendo una máxima del “albertismo”, “con Trump no alcanza, pero sin Trump no se puede”.

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