El retroceso del Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE) en mayo, segunda caída consecutiva, expone una contradicción que atraviesa la política económica: mientras el país se encamina a un récord exportador cercano a los 100.000 millones de dólares, el mercado laboral formal se sigue debilitando. La pregunta que se instala en la arena política es si el boom externo puede convertirse en un salvavidas para un programa económico que busca sustentabilidad en medio de crecientes tensiones sociales. Desde la Fundación Mediterránea advierten que la fragilidad del empleo complica la construcción de consensos políticos. El contraste es evidente: provincias como Neuquén, Río Negro y San Juan muestran crecimiento en puestos de trabajo, mientras que otras 12 jurisdicciones incrementaron sus exportaciones entre un 14% y un 110% sin que ello se traduzca en más empleo. El informe señala dos factores detrás de esta brecha: la falta de inversión en infraestructura, con su efecto multiplicador sobre la competitividad, y la necesidad de acuerdos legislativos que respalden proyectos vinculados a minería e hidrocarburos. En el Congreso, representantes de provincias exportadoras como Jujuy, Catamarca, Santa Cruz, Salta y Neuquén, entre otras, comienzan a perfilarse como un bloque con capacidad de condicionar la agenda oficial, ya sea mediante acuerdos o vetos a iniciativas que pongan en riesgo inversiones estratégicas. La política, así, se entrelaza con la economía en un tablero donde los votos provinciales pueden definir el rumbo de sectores clave. El panorama sectorial refuerza la paradoja: agro (+4,6%) y minería (+15,7%) sostienen la actividad, pero comercio (-4,3%) e industria (-5,6%) neutralizan esos avances. La consultora Invecq subraya que los sectores transables y de capital intensivo crecen, mientras los intensivos en empleo siguen estancados. El resultado: desde noviembre de 2023 se destruyeron 235.000 puestos privados registrados, con la industria y la construcción como principales afectados. La dinámica provincial muestra un mapa desigual: 21 provincias perdieron empleo, con Santa Cruz (-16,4%), Tierra del Fuego (-15,6%) y Catamarca (-12,3%) a la cabeza. En términos absolutos, Buenos Aires (-79.000), CABA (-42.800), Córdoba (-16.900) y Santa Fe (-15.100) concentran la mayor pérdida. Sólo Neuquén (+7,1%) y Río Negro (+2,8%) escapan a la tendencia. La conclusión de los analistas es clara: la economía avanza a dos velocidades. Mientras las exportaciones fortalecen la balanza externa, la contracción del empleo erosiona la masa salarial y limita la capacidad del Gobierno de transformar crecimiento en gobernabilidad. En este escenario, la política se convierte en el terreno decisivo para definir si el récord exportador será un motor de desarrollo o apenas un dato que convive con la precarización laboral.
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