La radiografía económica que trazan los informes de Focus Economics y Oxford Economics revela un país atrapado en una paradoja: mientras el frente externo se fortalece gracias al empuje exportador y al superávit comercial, la economía doméstica se resiente bajo el peso de la inflación y el consumo en caída. El arranque de 2026 fue tibio. La construcción, la hotelería, la industria y el comercio se desplomaron, dejando a la actividad prácticamente estancada en los primeros meses del año. El índice de confianza del consumidor se hundió y la inflación alcanzó su punto más alto en marzo, señales que anticipan un freno en el gasto privado. Ante este panorama, los analistas redujeron la proyección de crecimiento de 3,2% a 2,9%. El contraste lo aportan el agro y la energía. Una cosecha excepcional y el aumento de la producción en Vaca Muerta sostienen la balanza, aunque no logran compensar la debilidad de los sectores orientados al mercado interno, golpeados por la austeridad fiscal y la competencia externa. Las previsiones inflacionarias se recalientan: Focus Economics estima un cierre en 28,2% y un promedio de 30,4%, mientras Oxford Economics se muestra más pesimista, con un 34,7% para este año. El dólar, en cambio, se mantendría relativamente estable en torno a los $1621,80, gracias al vigor exportador. El telón político se oscurece. La imagen presidencial cayó al nivel más bajo desde el inicio del mandato, y aunque las elecciones de 2027 parecen lejanas, la desconfianza de los inversores recuerda episodios de fuga de capitales previos a los comicios de 2025. El Banco Central, consciente de las tensiones, flexibilizó algunos controles cambiarios en un intento de contener la presión sobre el peso. En definitiva, el país transita un año marcado por la fortaleza externa y la fragilidad interna, con un tablero político que se complica a medida que la inflación erosiona la confianza social y la gobernabilidad.
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