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La política argentina vuelve a su clásico escenario de tensión máxima: Diputados se prepara para debatir la reforma laboral y el Gobierno decidió que el paro convocado por la CGT tendrá precio: “El que no trabaje, no cobra”, dicen desde la Rosada, como si el descuento fuera un gesto pedagógico. Los gremios, claro, lo leen como autoritarismo puro. ATE ya anunció que la huelga será total. Catalano promete movilización frente al Congreso, aunque admite que sin transporte masivo será difícil llenar la plaza. Paradójico: un paro tan contundente que hasta dificulta la propia protesta. La CGT, fiel a su estilo, confirma la huelga, pero deja la movilización a criterio de cada gremio. Mientras tanto, Andrés Rodríguez de UPCN sentencia que la reforma “recorta derechos y no generará empleo”, apuntando al artículo que rebaja salarios en licencias por enfermedad. Del otro lado, el oficialismo insiste en que la reforma es la llave para “modernizar” el mercado laboral. Así, entre descuentos, huelgas y discursos cruzados, el Congreso se prepara para una sesión que promete más dramatismo que productividad. La calle y los despachos laten al mismo ritmo: el de una disputa que parece escrita para un guion de tragicomedia política.

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