La Cámara alta transita una semana de baja intensidad legislativa, marcada por la ausencia de varios senadores y la postergación de una sesión que, si no surgen nuevos obstáculos, quedará fijada para el jueves 4 de junio. El respiro, tanto para oficialismo como para oposición, llega en medio de fricciones dentro de las bancadas y promete, al menos por unos días, enfriar los ánimos. Un veterano parlamentario lo sintetizó con ironía: “El vértigo que La Libertad Avanza imprimió en las extraordinarias de diciembre y febrero no podía sostenerse indefinidamente. Hay momentos de hiperactividad y otros de repliegue. Si ni siquiera lográs reunir a los tuyos, lo más sensato es esperar”. La propia Patricia Bullrich, referente de La Libertad Avanza, deslizó que el calendario se correría hacia junio. El clima de calma se consolidó tras la aprobación en Diputados de las leyes “Hojarasca” y de zonas frías y calientes, que dejaron al Senado sin urgencias inmediatas. Sin embargo, un expediente sí apremia: el acuerdo por 171 millones de dólares para cerrar un litigio con holdouts de la crisis de 2001, que debe ser tratado antes del 30 de junio. Otros temas, como los proyectos sobre cierre de minas, siguen atrapados en idas y vueltas entre las comisiones de Energía y Ambiente. En paralelo, se acumulan pliegos judiciales listos para votación, mientras se discute si se aprobarán en bloque antes del receso de julio o si se dividirán en tandas. El Canciller Pablo Quirno carga con un dolor de cabeza adicional: los ascensos diplomáticos de 2024 y 2025, ya dictaminados, que el Gobierno dejó languidecer y que podrían haber servido para reordenar la Cancillería. A todo esto, se suma la obligación constitucional del jefe de Gabinete, Manuel Adorni, de rendir informe mensual en el Senado. La oposición, encabezada por José Mayans, exige su presencia en un contexto de tropa golpeada por derrotas parlamentarias y tensiones internas que dejaron cicatrices visibles.
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