El escenario en la cordillera chubutense sigue siendo crítico. En Cholila, las ráfagas cambiantes de viento reconfiguraron el frente del incendio y pusieron en jaque las estrategias de contención desplegadas hasta ahora. Lo que parecía encaminado al control volvió a encenderse, obligando a redoblar esfuerzos sobre el terreno. Las llamas ya consumieron más de 40 mil hectáreas y sostienen un estado de alerta permanente en las autoridades provinciales y nacionales. En la zona operan cerca de 500 personas, entre brigadistas de distintos puntos del país, bomberos voluntarios y equipos de apoyo logístico. El contexto climático agrava la situación: se trata del período más seco de la última década, con una fuerte restricción hídrica que limita las tareas de combate y afecta la vida cotidiana de los vecinos. Muchos debieron aprender a manejar bombas de agua para garantizar el abastecimiento mínimo en sus hogares, mientras el fuego continúa su avance con riesgo de aproximarse a Esquel. Desde el terreno, el impacto humano es tan profundo como el ambiental. “Esto se vive con muchísima angustia. Hay casas en todos lados, incluso en zonas altas y muy cerca del fuego. Llegó gente a ayudar desde lugares tan lejanos como Salta”, relató José, bombero y vecino de Cholila. “Hay compañeros que regresan al cuartel pasada la medianoche y a las cinco de la mañana vuelven a salir. No duermen, no descansan. Es devastador”, agregó. En paralelo, las autoridades sostienen un monitoreo constante y refuerzan los operativos para evitar que las llamas alcancen zonas pobladas. En ese marco, la Administración de Parques Nacionales dispuso la intervención inmediata del Parque Nacional Los Alerces. La decisión se tomó ante la gravedad de la emergencia y luego de una denuncia penal por presunta negligencia en el manejo de la situación. A partir de ahora, un Comité de Intervención asumirá de manera transitoria la totalidad de las funciones en el parque, con el objetivo de reforzar la respuesta frente a los incendios.
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