Con un discurso centrado en el orden, la legalidad y la justicia, José Antonio Kast, presidente electo de Chile, trazó las líneas rectoras de su futuro gobierno y confirmó un cambio de ciclo en el país trasandino. Su triunfo marca el desplazamiento de la izquierda comunista y consolida un giro a la derecha que, con matices, se extiende en buena parte de América del Sur. El resultado electoral representa el gobierno democráticamente elegido más a la derecha desde el fin de la dictadura de Pinochet. Tras décadas de alternancia entre centroizquierda y centroderecha, y luego del quiebre político y social iniciado en octubre de 2019, que derivó en la llegada al poder de la izquierda más dura con Gabriel Boric, Chile ensaya ahora un modelo pendular similar al argentino: de posiciones ideológicas extremas, pero de signo opuesto. Este movimiento impacta en el tablero regional. Con la llegada de Kast, la derecha pasa a dominar seis de los diez países sudamericanos, frente a cuatro gobiernos de izquierda. El nuevo equilibrio se apoya en un discurso común: libertad económica, rechazo a regulaciones extremas y énfasis en seguridad. Sin embargo, más allá de las diferencias ideológicas, el principal desafío persiste para todos los gobiernos de la región: traducir la estabilidad democrática en desarrollo sostenido, una deuda histórica aún pendiente para los pueblos sudamericanos.
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