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En silencio, pero con determinación, distintos sectores del peronismo comenzaron a poner en palabras algo que hasta hace poco se mencionaba solo en voz baja: la influencia de Cristina Fernández ya no ordena como antes. Un ex mandatario provincial lo sintetizó con crudeza en una conversación reservada: “Su tiempo político está quedando atrás”. Esa percepción, que circula en charlas discretas entre dirigentes de diversa procedencia, alimenta la idea de que se aproxima un cambio de época dentro del espacio. En público, sin embargo, predomina la prudencia. Hay quienes consideran que, pese a las derrotas electorales acumuladas y a las tensiones internas, la expresidenta sigue siendo una figura histórica cuyo peso simbólico obliga a cuidar las formas. Aun así, crece el malestar por decisiones que varios sectores describen como equivocadas, entre ellas la confección de la lista de diputados nacionales, cuestionada por intendentes y referentes territoriales por la ausencia de nombres propios con arraigo local: “Regalamos la elección. Y ni campaña hubo”, lanzó un jefe comunal del Conurbano, resumiento un enojo que se repite. A este cuadro se suman los frentes judiciales que atraviesa CFK: su detención en San José 1111, los procesos vinculados a los cuadernos y el avance de la justicia federal sobre propiedades que podrían quedar bajo decomiso tras la condena en la Causa Vialidad. La inhabilitación perpetua para ocupar cargos públicos terminó de erosionar su capacidad de intervención política, reconocen incluso quienes le guardan lealtad. El gobernador Axel Kicillof sostiene respeto hacia su figura, aunque ya no actúa bajo su tutela directa. Y en las últimas semanas, mandatarios alineados formalmente con Fuerza Patria enviaron señales de mayor distancia, del mismo modo que lo hicieron cuando evitaron asistir a su asunción al frente del PJ Nacional. El mensaje es claro: funcionan cada vez más por cuenta propia. En el Congreso, mientras tanto, se desarrolla un capítulo clave. Gobernadores que buscan renovar el perfil del bloque analizan impulsar un reemplazo en la conducción parlamentaria para marcar un giro, un reordenamiento que les permita blindarse ante posibles fugas. El nombre del tucumano Pablo Yedlin aparece mencionado en conversaciones informales. Reconocen la dedicación de Germán Martínez, pero lo consideran demasiado asociado al dispositivo kirchnerista como para encarar una etapa de reconstrucción. Paradójicamente, es el propio Martínez quien mantiene el diálogo permanente con los mandatarios para evitar fracturas. Su continuidad no está descartada y, como ocurre a menudo en el peronismo, nada quedará definido hasta el último momento. El clima está cargado de hipótesis, sospechas, operaciones cruzadas y necesidades urgentes; al final, serán los acuerdos los que determinen hacia dónde se inclina la balanza. Desde el Frente Renovador observan el proceso con preocupación. “Ese ciclo ya terminó, aunque siga estirándose. Kicillof no quiere romper y ella tampoco asume que su etapa se cerró. Pero el año próximo el peronismo necesita reenfocarse”, analizó un dirigente muy cercano a Sergio Massa. La idea de que 2026 traerá movimientos de fondo se repite en distintos despachos. La campaña electoral dejó señales evidentes de esta transición. Cuando se decidió incluir el reclamo por la libertad de Cristina como consigna, numerosos intendentes bonaerenses advirtieron que ese mensaje no conectaba con las prioridades de la sociedad. Y en la práctica, sólo el núcleo kirchnerista duro agitó la consigna “Cristina libre”. El resto acompañó con distancia o directamente evitó involucrarse. Esa misma dinámica se mantiene hoy: la defensa pública de CFK está limitada a su círculo más estrecho, que sostiene una militancia activa tanto en el país como en el exterior. Gobernadores y dirigentes del interior reconocen su peso histórico, pero ya no la consideran quien debe marcar el rumbo. Muchos apuntan a que ella misma asumió el liderazgo de su defensa mediática y política, como ocurrió cuando envió un mensaje grabado al Encuentro Plurinacional de Mujeres. Allí denunció que su situación judicial simboliza las limitaciones estructurales del país y la falta de oportunidades para los jóvenes.

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