Las negociaciones con el Fondo Monetario Internacional (FMI) entran en horas decisivas mientras el Gobierno de “los Fernández” se enfrenta al vencimiento de un plazo para pagar US$2600 millones en tan solo 20 días. Ante la falta de fondos, el Gobierno busca estrategias para lograr que el organismo acepte redefinir el acuerdo. En Washington, ya se tomó conocimiento de que Sergio Massa, ministro de Economía y precandidato a la presidencia, se encuentra sin margen para cumplir con las condiciones actuales del acuerdo durante este trimestre. En consecuencia, el FMI exige un salto en el tipo de cambio oficial y ajustes en otras variables para que el país pueda alcanzar las metas establecidas. A pesar de los recortes en el gasto impulsados por el ministro, el déficit se torna imposible de cerrar. La semana pasada, el Palacio de Hacienda decidió postergar los tres pagos previstos para julio, que ascienden a un total de US$2621 millones, en un intento por ganar tiempo suficiente para alcanzar un entendimiento con el organismo y obtener un desembolso que permita compensar estos vencimientos. Esta no es la primera vez que el Gobierno argentino decide aplazar pagos con el FMI. En el mes de junio, también se retrasaron dos compromisos por un total de US$2700 millones, los que se abonaron a finales del mismo mes utilizando yuanes provenientes del swap con China. En el Palacio de Hacienda, se resisten a aceptar abiertamente las exigencias del FMI debido a la situación de campaña electoral en curso. Desde el punto de vista económico, aceptar una devaluación conlleva peligros para una economía ya frágil. Además, con una inflación que está alcanzando niveles cercanos al 150% anual, existe un riesgo considerable de un incremento exponencial en los índices inflacionarios. Esto, por supuesto, tendría consecuencias en los números de empleo y pobreza.
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