Es muy probable que unas horas después del anuncio del resultado de las elecciones del 14 de noviembre, Alberto Fernández anuncie varias novedades que desde el aspecto político y económico pueden llegar a impactar no sólo en la oposición, sino también en los principales dirigentes del Frente de Todos, incluida la vicepresidente Cristina Fernández. Todo parece indicar que el mandatario cambaría parte de su actual gabinete, dejando a los funcionarios de su mayor confianza y privilegiando a gobernadores e intendentes peronistas que terminan sus mandatos en sus provincias y no pueden ser reelectos en 2023. “Un punto clave fue el reordenamiento en el oficialismo tras la derrota en las PASO y la aparición de los gobernadores y los sindicalistas como actores de peso dentro del peronismo”, manifestó un importante analista político. En la cabeza de Fernández estaría dando vuelta la idea de pedirles a los dirigentes de La Cámpora, que renuncien a los cargos que tienen dentro del Poder Ejecutivo. Con respecto a la relación futura con la vicepresidente, Alberto Fernández tomaría la decisión que sólo se dedique a su función de Presidente del Senado de la Nación. En realidad, lo que no se sabe es qué capacidad tiene Fernández para hacer esos cambios, pero tiene más ventajas que antes. Lo cierto es que después de las PASO hay un oficialismo más golpeado donde el mayor golpe lo podría recibir CFK en caso que pierda la mayoría en el senado después del 14 de noviembre. El oficialismo es diferente porque no es más como lo llamaban algunos consultores políticos “el oficialismo del AMBA”, donde el presidente, la vicepresidente, Sergio Massa, Máximo Kirchner y Axel Kicillof manejaban la botonera. Ahora tendrá que ser con gobernadores, intendentes y sindicalistas, junto a algunos movimientos sociales. Alberto Fernández concretó un fuerte gesto de respaldo a un sindicato aliado y a la Confederación General del Trabajo (CGT) al participar del acto de inauguración de un sanatorio de la Unión del Personal Civil de la Nación (UPCN) en Avellaneda, que contó con la presencia de miembros del gabinete nacional y dirigentes gremiales de distintos sectores internos. “Yo también podría acordar con el FMI en cinco minutos, pero no podría mirarlos a los ojos a ustedes”, comentó a modo de respuesta hacia las declaraciones del expresidente Mauricio Macri. El FMI exige que el plan a acordar con la Argentina tenga apoyo explícito en el Frente de Todos y un aval de los empresarios. No es cierto que las autoridades del FMI quieren que la oposición firme ese acuerdo, ya que el FMI sólo negocia con el gobierno de turno y no con el que puede venir. Con respecto al futuro para cerrar la negociación con el FMI, Alberto Fernández quiere que lo cierren el equipo que conforman el ministro de Hacienda Martín Guzmán, el secretario de Asuntos Estratégicos Gustavo Beliz y el embajador en los EEUU Jorge Arguello, junto a Sergio Chodos, el director de Cono Sur en el organismo. La ausencia de una conducción política y la falta de un rumbo económico han impedido hasta ahora conocer qué ocurrirá en la Argentina en los próximos meses. Por ese motivo la gente y las empresas se refugian en el dólar y eso repercute en un BCRA que tiene cada vez menos dólares en su activo, en una economía donde sobran los pesos y nadie los quiere tener en su poder en medio de uno de los peores desajustes de la economía en su historia.
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