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Mauricio Macri comenzó a recuperar protagonismo, luego de meses de mantenerse en silencio y dedicado a otras actividades. Anoche apareció en una entrevista televisiva donde se lo vio muy relajado y autocrítico y, le tendió una mano al sector más dialoguista de Juntos por el Cambio fortaleciendo su propio liderazgo. Ese gesto hacia adentro de la coalición quedó representado en la primera autocrítica de sus cuatro años de gobierno: “Dejé de escuchar”, algo que le venían reclamando dirigentes moderados de su espacio. Reconoció que no se veía como candidato para las elecciones de 2021 pero que sí se siente “cómodo acompañando a los que tienen vocación de liderar y ayudarlos a crecer” como Horacio Rodríguez Larreta, cuyo “crecimiento y consolidación”. El ala moderada de la coalición se quejaba de que Macri no daba un paso al costado para permitir la irrupción de nuevos dirigentes que permitieran competir con el neokirchnerismo gobernante. Y advertían, sobre la base de las encuestas, que la sociedad reclama estilos sobrios y no radicalizados como los del ex presidente. El ex presidente, más allá de algunas declaraciones específicas y contadas apariciones en las redes sociales, cumplió lo que se había propuesto cuando dejó el poder y se planteó bajar su perfil lo máximo posible. Según sus allegados, creyó que debía mantenerse alejado durante seis meses como una contribución que tenía que hacer al nuevo gobierno y a sus aliados.

Ahora, Macri está convencido de que su palabra es necesaria. El golpe que representó el recorte de fondos de coparticipación a la Ciudad de Buenos Aires lo dejó reposicionado en el tablero opositor: “Yo les anticipé que venían por todo”, repite hoy como un mantra. Quienes hablan seguido con el fundador del PRO afirman que teme que el Gobierno se lleve puesto todo en las próximas semanas: “La combinación de una crisis económica, social, laboral, financiera y cambiaria, a juicio del ex presidente, augura un conflicto de aristas impredecibles. Y a ese panorama complejo, alerta, se le suma la crisis en la propia coalición gobernante”. Por eso está convencido de que Juntos por el Cambio tiene que mantenerse más firme que nunca ante los avances de Cristina y Alberto Fernández, y, a la vez, unido para que esa estrategia no termine diluida, que es, en la interpretación de Macri, lo que pretendió el Presidente con su estrategia de elegir al jefe de gobierno como su opositor favorito. Con la certeza de que acertó en su pronóstico sobre el Gobierno, Macri apuesta a que la llama de los banderazos no se apague y sirva como contrapeso de una administración que, según teme, se irá radicalizando en la medida en que se profundice la crisis económica. Un ejemplo, sostiene, es la creación de un organismo para supervisar qué noticias se publican en los medios. “La imaginación de esta gente es inagotable”, asegura.

De todas formas, el latiguillo que adoptó Macri en las últimas horas es que “no es tiempo de candidaturas”. Para el ex presidente, el peso de la crisis obliga a desistir de la tentación de apurar las definiciones electorales. Ante Joaquín Morales Solá incluso avanzó más y así diseñó la pieza maestra que le permitirá alinear a Juntos por el Cambio: su revelación de que “no se ve” como candidato en 2021. Hay señales de que el ex presidente no resigna mansamente un papel que busca ser determinante en Juntos por el Cambio. Parece haber elegido un rol de constructor activo de nuevos liderazgos opositores, pero también el de la figura que tiene derecho de veto y, sobre todo, eligió empezar a reconvertir su perfil con algunos cambios, como una capacidad de autocrítica tardía pero necesaria, y una confirmación implícita: si alguna vez tiene que jubilarse de la política será por su propia decisión.

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