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Los hechos policiales de los últimos días, algunos con imágenes de extrema violencia, quedaron expuestos ante la opinión pública y comenzaron a preocupar seriamente a las autoridades de la provincia y de la nación. Con el aislamiento social, y la disminución de vehículos en las calles, avenidas, rutas y accesos, volvió a aumentar la “piratería del asfalto”. Si bien existían más controles, las bandas se movían, y aún lo hacen, con mayor agilidad. Con el relajamiento de la cuarentena, y el aumento de circulación de gente en la calle, volvieron los arrebatos y las entraderas a comercios y domicilios particulares. En algunos distritos el robo de neumáticos, los atracos a comercios sólo para llevarse artefactos como computadoras, pantallas, y hasta los plomos de las puertas o el bronce de monumentos de plazas, están a la orden del día. Son elementos de pronta reducción y dinero rápido. Especialistas en temas de inseguridad advierten que los números oficiales que hablan sobre la baja en algunos delitos “no se traducen con la realidad”. La razón es que durante la cuarentena estricta impuesta por decreto presidencial el 20 de marzo y que duró 20 días, a las víctimas les era muy engorroso denunciar, por ejemplo, los arrebatos en la vía pública. “En ese primer tramo del inicio de la cuarentena la policía se replegó para ser auxiliar del sistema sanitario y de control municipal. Es decir, no se prevenía el delito y eso lo que hizo es que los delincuentes se aprovechaban de esa situación. Los chorros en vez de robar en las avenidas y calles que hasta la cuarentena había alta concentración de gente, como Santa Fe, o San Pedrito y Avellaneda en Flores, rondaban los comercios de cercanía donde los vecinos iban a comprar. Esas víctimas no podían ni tomar un colectivo para denunciar. Se iban con bronca a la casa y el robo no ingresaba a las estadísticas oficiales”, explicó un funcionario cercano al ministro de Seguridad bonaerense, Sergio Berni.

Otro factor de inseguridad, y eso sí está corroborado, fue la liberación de más de 1.500 presos de los presidios bonaerenses con la excusa del coronavirus. El propio ministro Berni anunció con bombos y platillos que uno de los delincuentes que había ingresado a robarle a Jorge Ríos, el jubilado de Quilmes, fue uno de los beneficiados con la salida anticipada. Después de un supuesto “veranito” donde la inseguridad había bajado con la cuarentena extrema, pareció recrudecer con la apertura parcial del aislamiento. Sin embargo, un recorrido por los principales municipios de la provincia de Buenos Aires demuestra que el delito siempre estuvo presente y que, incluso, aumentó en algunas modalidades. En La Matanza, los vecinos deciden hacer justicia por mano propia y les “advierten” a los delincuentes sobre las consecuencias: “Atención, chorros. Dedíquense a otra cosa. Acá estamos organizados”, advierten los pasacalles. En un rectángulo amarillo, como si fuese una señal de tránsito, está dibujada una figura en el piso, con un arma a un costado, y varias personas golpeándola con palos y garrotes. Desde la intendencia, a cargo de Fernando Espinoza, prefirieron no dar a conocer los datos de inseguridad. Como en otros distritos donde creció el delito, en La Matanza decidieron aumentar los patrullajes de la Policía Bonaerense y de los 250 gendarmes asentados en el municipio. Para eso, los controles ciudadanos los harán Guardia Urbana y Defensa Civil. “Las fuerzas de seguridad federal y La Bonaerense realizará patrullajes mucho más intensos para combatir a la delincuencia y se reforzará desde Nación con más efectivos de Gendarmería”, se adelantó desde la gobernación.

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