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La estadística del INDEC registró un 40,9 por ciento de la población bajo la línea de pobreza en el primer semestre, cinco puntos más que en el registro interanual. Los cálculos para fin de este año indican que volvería a escalar, tomando en cuenta la caída estimada del PBI y el retroceso de ingresos, entre otros factores. Claramente el recurso del Gobierno de Fernández de escudarse en la asistencia estatal otorgada durante los últimos meses como resorte aliviador de la pobreza estructural, resulta al menos, insuficiente. Sólo se atacó la coyuntura, cuando todo indica que la pobreza en Argentina ya es endémica. Las cifras alertan sobre lo ocurrido en la primera mitad del año y plantean de hecho un panorama más grave. El 40,9 por ciento general anota como siempre mayor gravedad en la franja de chicos menores de 14 años que supera el 56 por ciento. Según estimaciones de especialistas, este último registro sería muy superior si se toma sólo el segundo trimestre y podría superar los 45 puntos en ese lapso. El impacto de la crisis profundizada por la cuarentena impactaría también duramente en la segunda parte del año. La primera lectura sobre ese cuadro desde despachos oficiales, incluso en boca del ministro Daniel Arroyo, quedó atrapada en un cálculo por demás obvio. Se dijo que en el primer trimestre la situación estaba mejorando respecto de 2019 (gestión de Mauricio Macri) que terminó con cifra creciente hasta poco más de 35 por ciento. Nada indica que los primeros meses de este año hayan sido sustancialmente mejores. Los casi tres primeros meses de la nueva gestión no produjeron resultados superadores, para el oficialismo en la “herencia recibida” y en la pandemia, recae la culpabilidad. No hablan de la cuarentena.

Alberto Fernández, señala los efectos tremendos de la pandemia mencionando sólo las medidas tomadas en materia de asistencia, pero no dio ningún mensaje sobre la pobreza convertida desde hace tiempo en un grave problema estructural. El problema de fondo y de arrastre tiene que ver con una característica central del crecimiento de la pobreza en el país. Se ha dicho: escala muy rápidamente en los períodos de crisis profunda y tarda en desandar parte del camino en las etapas de mejoramiento y crecimiento de la economía. Están a la vista al menos dos cosas. La primera es que en las crisis son vitales las políticas asistenciales y, la segunda, que en etapas de reanimación de la economía estos programas demandan ser acompañados por estrategias vinculadas con la producción. Eso requiere programas con sustento económico y político.

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