Los asesores de Alberto Fernández, esta vez prefirieron un breve mensaje grabado para que “nos cuente” que hasta el 20 de septiembre podemos estar todos adentro…pero afuera. A la par, el registro del Ministerio de Salud anotaba 11.717 contagios y 222 muertes. Claramente Fernández quiere dejar de ser el signo identificativo de la cuarentena a pesar de ser un camino sinuoso y difícil para desandar. Encuesta mata confinamiento. El anuncio, en forma y extensión, sugirió estar más atado a los números que reflejan los sondeos de opinión que a las cifras de la pandemia. Desde fines de mayo, la mayoría de los trabajos difundidos y otros más reservados coinciden en algunos puntos sobre el desgaste social, pero también sobre la persistencia del temor a la enfermedad. Hay, con todo, un creciente vuelvo hacia la necesidad de mayor flexibilización o incluso el fin de la cuarentena. En paralelo, se registra un crecimiento de las preocupaciones económicas, que algunos sondeos colocan ya sobre el rubro sanitario. Pero también es significativa la reaparición y ascenso del temor y malestar por la inseguridad. Ese conjunto corre a la par del desgaste de la figura presidencial, muy lejos de los valores que los mismos trabajos le adjudicaban a Alberto Fernández a principios de abril, en la etapa más dura de restricciones. Algunas postales de la vida diaria coinciden más allá de los números, siempre discutibles: son un recuerdo lejano los aplausos a las nueve de la noche.
Con todo, pareciera al menos extraño sino contradictorio que justamente ahora, con cifras por encima de los diez mil contagios, el Presidente haya estrenado un formato de anuncio que podría sugerir la intención de correrse del lugar ocupado hasta ahora como jefe directo y hasta paternal del plan sanitario. Visto al revés, quizá no hubiera cambiado mucho si repetía la puesta de los anuncios anteriores, pero habría evitado profundizar la sensación confusa que arrancó con la negación de la existencia de la cuarentena cuando ya llevaba cinco meses. Los mensajes contradictorios, sobre todo en sentido político, no se agotan allí. Alberto Fernández, según se repitió desde sus cercanías, tendría una estrategia de fondo que buscó hacer coincidir con el manejo de la pandemia, al menos en un punto. Sostuvo que una columna fundamental sería algún tipo de acuerdo político con el peronismo tradicional y, hacia fuera, con el sector “moderado” o dialoguista de Juntos por el Cambio. En el cuadro de la cuarentena y no sólo por necesidades sanitarias en el ámbito metropolitano, la traducción llevaba el nombre de Horacio Rodríguez Larreta. Junto a eso, buscaría ir armando un punteo político que sirviera a la vez para generar iniciativas post cuarentena y, fue justo en este lugar donde apareció el postergado proyecto de reforma de la justicia federal.
Rodríguez Larreta evitó cualquier costado de confrontación, aunque fue visible su incomodidad frente a preguntas sobre lo extraño de esta secuencia de anuncios. También fue notorio el malestar por el rechazo del ministro Nicolás Trotta al planteo de reapertura muy parcial de actividades educativas en el país. Rodríguez Larreta no da por agotada la pelea. No contento con esto, Alberto Fernández contrapuso el cuadro económico de las provincias con la situación de la Capital, que según su calificación sería opulenta. Pareció una opinión producida por el eco de frases de Cristina Fernández, antes del coronavirus y cuando se producía una carga para podarle fondos al distrito porteño. Señales de explicación difícil para la relación con el jefe de Gobierno porteño y la nación, entraron al juego figuras de peso en el banda considerada moderada de Juntos por el Cambio. El futuro está a la vuelta de la pandemia.
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