El Gobierno encara la segunda mitad del año con un balance mixto: exhibe logros en materia financiera y cambiaria, pero enfrenta un horizonte cargado de tensiones. Tras asegurar el pago a los bonistas de julio, retomar la senda de desinflación y acumular más de 10.000 millones de dólares en reservas, la administración se prepara para un semestre donde la estabilidad no está garantizada. Los analistas advierten que el desafío central será sostener tres pilares: bajar la inflación, fortalecer las reservas y reactivar la actividad. El dólar, que volvió a la zona de los 1500 pesos en junio, expone la fragilidad de un esquema que depende de la oferta de divisas. Según el economista Menescaldi, la abundancia de dólares comerciales del primer semestre se reducirá a la mitad, mientras que el financiamiento privado también podría mermar. En ese contexto, la política cambiaria deberá adaptarse a un escenario menos holgado. No todos los pronósticos son pesimistas. Desde Banco Galicia señalan que el flujo de divisas podría mejorar si se acelera la liquidación de la cosecha gruesa, lo que aportaría hasta 2600 millones de dólares adicionales. Ese ingreso, sumado al avance de las exportaciones energéticas, daría oxígeno para suavizar la volatilidad cambiaria. La otra gran preocupación es la recuperación económica. La actividad muestra una dinámica desigual: sectores exportadores en expansión y consumo interno en retroceso. Con un superávit fiscal más ajustado, los especialistas coinciden en que el margen para políticas expansivas es mínimo. La apuesta pasa por el crédito y la recuperación del salario real. Giacoia subraya que “el desafío es que el crecimiento se traduzca en mejoras palpables para la población”, aunque la morosidad creciente limita la capacidad del sistema financiero para otorgar préstamos. El frente laboral ofrece señales mixtas: en abril se registró la primera mejora real en salarios privados desde 2025, pero los consultores advierten que recuperar niveles de ingreso previos al estancamiento requerirá varios años de crecimiento sostenido. Finalmente, la deuda externa marca el pulso político. Aunque el pago inmediato a bonistas está despejado, restan compromisos por 27.000 millones de dólares hasta el final del mandato. Con un 2027 electoral en el horizonte, los analistas recomiendan avanzar en la refinanciación y prefinanciar vencimientos para evitar que la volatilidad política se convierta en crisis económica.
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