La empresaria y conductora Wanda Nara se convirtió en protagonista involuntaria de un episodio que trasciende lo personal y se instala en el debate público sobre seguridad y protección ciudadana. Mientras asistía en Nueva Jersey al partido de la Selección Argentina, su residencia en Milán fue blanco de un robo perpetrado por tres individuos. En el domicilio se encontraban sus hijos, quienes, según aclaró la propia Nara, se encuentran fuera de peligro aunque atravesaron un fuerte sobresalto. El hecho obligó a la empresaria a abandonar de manera abrupta el estadio MetLife, tras recibir el aviso de su madre, que estaba junto a los menores. “Gracias a la policía que ahora está en mi casa cuidando de mis hijos”, expresó en redes sociales, al tiempo que confirmó que junto a Maxi López gestionan un vuelo inmediato para regresar y ocuparse de los documentos familiares sustraídos. Este episodio se produce en un contexto de creciente preocupación por la seguridad en Europa, donde las figuras públicas y sus familias también se ven expuestas a delitos que ponen en cuestión la eficacia de los sistemas de prevención. La situación de Nara, más allá de su perfil mediático, refleja la vulnerabilidad de los hogares frente a bandas organizadas que operan con rapidez y precisión. La empresaria había viajado a Nueva York para cumplir compromisos laborales vinculados a la final del Mundial 2026, compartiendo imágenes de su traslado en primera clase y de la multitud argentina que copó Times Square en un banderazo teñido de celeste y blanco. Sin embargo, la noticia del robo desplazó el tono festivo y abrió un debate sobre la necesidad de reforzar la seguridad de las familias, incluso aquellas con alta exposición mediática.
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