En el marco político y económico internacional se desplegó un tablero de tensiones cruzadas. El crudo volvió a colocarse en el centro de la escena: el Brent superó los 109 dólares y el WTI trepó hasta los 105, con alzas superiores al 5%. El motivo no fue otro que las versiones sobre un eventual endurecimiento de la estrategia estadounidense en Medio Oriente. Según trascendió, Donald Trump habría instruido a sus asesores para preparar un bloqueo más amplio en el Estrecho de Ormuz, un gesto que, lejos de apaciguar, intensifica la presión sobre Irán y alimenta la incertidumbre en los mercados. El fantasma de un corte prolongado en el suministro de petróleo se tradujo en un repunte inmediato de los precios, que alcanzaron niveles no vistos desde comienzos de abril. La política energética se entrelaza con la geopolítica: la salida de Emiratos Árabes Unidos de la OPEP añade un matiz de desconcierto, aunque los analistas descartan impactos inmediatos. En paralelo, la Reserva Federal de Estados Unidos se prepara para anunciar su decisión sobre las tasas de interés. El consenso apunta a la continuidad del rango actual (3,50%–3,75%), en una reunión que tiene un condimento especial: será la última presidida por Jerome Powell, quien dejará su cargo el 15 de mayo. Su reemplazo, Kevin Warsh, llega con el aval del presidente republicano. La crónica de este día deja en claro que los mercados se mueven al ritmo de la política: cada gesto en Washington, cada decisión en Medio Oriente, cada voto en el comité de la Fed se traduce en oscilaciones que marcan el pulso de la economía global. La tensión no afloja, y el petróleo vuelve a ser el termómetro de un mundo en vilo.
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