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En la sede del PJ platense, lo que ocurrió el fin de semana tuvo más de ceremonia que de trámite. Julio Alak, intendente de La Plata, asumió el rol de conductor partidario en un acto cargado de militancia y símbolos. No fue una formalidad burocrática: fue un gesto político con proyección nacional. El mensaje, repetido como mantra, apuntó a la unidad, la democracia interna y la construcción de un frente amplio que exceda los límites bonaerenses. La consigna que resonó como adelanto de campaña fue contundente: “Axel Kicillof presidente en 2027”. Con ella, Alak buscó marcar rumbo y poner un nombre en la agenda. La liturgia incluyó referencias históricas: el abrazo Perón–Balbín como metáfora de acuerdos que superan grietas, el 17 de octubre como mito fundacional y la memoria de las víctimas de la dictadura como recordatorio de que el peronismo también se sostiene en la memoria. “No sobra ningún peronista”, lanzó, en un intento de cerrar internas y abrir puertas. El intendente defendió su gestión como ejemplo de orden y reconstrucción, reclamando que esa fórmula se replique a nivel nacional. En paralelo, subrayó la necesidad de PASO para legitimar candidaturas y citó a Perón: “El único heredero es el pueblo”. El discurso no esquivó la coyuntura: críticas al gobierno de Javier Milei por el ajuste, el cierre de empresas y la caída del consumo, además de un reclamo explícito por la coparticipación que la provincia considera arrebatada. En clave programática, Alak delineó cinco ejes: soberanía, orden macroeconómico con inclusión, producción con valor agregado, trabajo digno y solidaridad social. Reivindicó la educación y la salud públicas, el sistema previsional y las empresas estatales. El cierre tuvo tono de campaña: “Todos unidos triunfaremos”, arengó, con la mirada puesta en un frente bonaerense que funcione como plataforma nacional. La nueva estructura del PJ local quedó oficializada, con consejeros y congresales listos para acompañar la conducción.

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