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Teherán vuelve a levantar la voz en medio de la tormenta regional. Mojtaba Jameneí, proclamado líder supremo tras la muerte de su padre difundió este miércoles un mensaje cargado de advertencias contra Israel, al que responsabilizó del ataque que acabó con la vida de Ali Lariyani, secretario del Consejo Supremo de Seguridad Nacional. En su declaración, Jameneí calificó a Lariyani como un “arquitecto del sistema” y subrayó que su desaparición no debilita al régimen, sino que lo refuerza: “Cada gota de sangre derramada fortalece la revolución islámica. Los responsables de este crimen deberán rendir cuentas”, sentenció, en un tono que busca reafirmar autoridad en un momento de incertidumbre interna. El mensaje llega en un contexto de especulaciones sobre el propio estado de salud del nuevo líder. Desde su nombramiento el 8 de marzo, Jameneí no ha aparecido en público, lo que alimenta rumores sobre heridas sufridas en los bombardeos de Washington y Tel Aviv. Las autoridades iraníes desmintieron que se encuentre en Rusia recibiendo tratamiento médico, calificando esas versiones como “guerra psicológica” contra la República Islámica. Mientras tanto, voces externas presionan. El presidente estadounidense Donald Trump sugirió que Jameneí podría estar muerto, y el canciller israelí Gideon Saar lo instó a “dar la cara” para evitar que la situación se convierta en un bochorno para el régimen. La ausencia del líder supremo en la escena pública mantiene en vilo tanto a la población iraní como a los observadores internacionales. En medio de la ofensiva militar y la batalla propagandística, el mensaje de Jameneí busca proyectar fortaleza, pero su silencio físico sigue siendo la incógnita que marca el pulso político de Irán.

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