La jornada electoral en Sajonia-Anhalt dejó un resultado que reconfigura el tablero político alemán y proyecta sombras sobre la estabilidad europea. Con un contundente 44,3% de los votos, la Alternativa para Alemania (AfD) se convirtió en la fuerza dominante del estado federado, quedando a escasos tres escaños de la mayoría absoluta. El desenlace marca un hito histórico: desde la posguerra, la extrema derecha nunca había estado tan cerca de gobernar en solitario un territorio alemán. El líder regional, Ulrich Siegmund, de 35 años, capitalizó un discurso centrado en el rechazo a la inmigración, la crítica a la agenda “woke” y la revisión del relato histórico sobre el Tercer Reich, con la mirada puesta en una conquista nacional hacia 2029. Hasta ahora, los partidos tradicionales habían mantenido un pacto tácito para aislar a la AfD del poder, siguiendo la lógica del “cordón sanitario” aplicado también en Francia. Sin embargo, el resultado del domingo tensiona ese acuerdo: la CDU, partido del canciller Friedrich Merz, sufrió una caída estrepitosa al 17%, mientras que SPD, Verdes y Linke apenas rozaron el 9% cada uno. La dirigente socialdemócrata Svenja Blanke advirtió que se avecinan “semanas de caos”, ante la posibilidad de que la AfD intente seducir a diputados aislados de la CDU o de la nueva fuerza populista de izquierda, la BSW. Si no logra formar gobierno, el estado podría quedar paralizado y verse obligado a repetir las elecciones. La copresidenta de AfD, Alice Weidel, reclamó el derecho a liderar el ejecutivo regional: “El mandato de las urnas es claro y no puede ser ignorado”. Sus palabras resonaron más allá de Alemania. En París, el ministro delegado de Europa, Benjamin Haddad, calificó el resultado como “un momento grave” y llamó a defender los valores democráticos frente al avance del nacionalismo y la xenofobia. El impacto no se limita a Sajonia-Anhalt. El próximo 20 de septiembre, Mecklemburgo-Pomerania Occidental celebrará elecciones con un escenario igualmente favorable para la extrema derecha, lo que podría intensificar la presión sobre Berlín y Bruselas.
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