Sandra Pettovello decidió que la primera reunión de gabinete en 46 días podía esperar. En vez de escuchar a Javier Milei, prefirió subirse al tren 25 de mayo rumbo a Campo Quijano y abrazar al gobernador Gustavo Sáenz. El gesto, lejos de ser un simple viaje en ferrocarril, terminó descarrilando el armado libertario en Salta. El episodio tuvo su cuota de sainete: Roque Cornejo, legislador de La Libertad Avanza, le negó el saludo a Sáenz, quien lo despachó con un “guarango” digno de sobremesa norteña. Pettovello, lejos de la diplomacia, se puso el traje de guardaespaldas y lanzó su advertencia: “Trátenlo bien al gobernador. El que lo maltrate se la va a tener que ver conmigo”. Una ministra convertida en sheriff improvisada, con el silbato político en la boca. El mensaje no quedó en los cerros salteños. Retumbó en la mesa que preside Karina Milei, donde los Menem ya habían decidido postergar pactos provinciales hasta el año que viene. Pettovello, en cambio, se alineó con el club de los “dialoguistas”, ese cuadrado de aluminio que integran Caputo, Santilli, Santiago Caputo y Bullrich, más preocupados por no dinamitar puentes que por levantar candidaturas en cada provincia. La senadora Emilia Orozco, fiel a Alfredo Olmedo y su campera amarilla, no tardó en desafiar la orden ministerial. Con elogios envenenados a Pettovello, buscó minar la figura de Sáenz y posicionarse como candidata. El efecto dominó llegó al Concejo Deliberante: Rodrigo Quinteros, otro libertario, salió a marcar la cancha y acusó a sus compañeros de desobedecer la advertencia de la ministra.
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