La gestión de Javier Milei atraviesa su momento más crítico desde el inicio de su mandato. Según el último relevamiento de Zentrix Consultora, la aprobación presidencial cayó en julio al 31,4%, el nivel más bajo desde septiembre de 2025, mientras la desaprobación trepó al 58,8%. El dato confirma una tendencia descendente que comenzó tras el pico de respaldo de febrero y refleja un marcado deterioro del humor social hacia el Gobierno. En apenas cinco meses, Milei perdió cerca de 14 puntos de aprobación: del 45% en febrero al 31,4% actual. La brecha entre quienes apoyan y rechazan su gestión supera los 27 puntos, consolidando un escenario de desgaste político y social. La imagen personal del Presidente también se resintió: su valoración positiva descendió al 30,9%, frente a un 58,5% de negativa. El descontento ciudadano se vincula directamente con la situación económica. El 61,8% de los encuestados evalúa negativamente la economía nacional y más de seis de cada diez reconocen haber recurrido al endeudamiento en los últimos meses. Entre los jóvenes, el panorama es aún más severo: el 77% tomó deuda y el 82,5% afirma que los ingresos familiares se agotan antes del día 20 de cada mes. El desgaste del oficialismo no se traduce en un fortalecimiento automático de la oposición. Axel Kicillof aparece como principal referente opositor, pero su imagen negativa (51,5%) supera a la positiva (35,4%). Myriam Bregman, en cambio, es la única dirigente con diferencial favorable (43,1% positiva vs. 40% negativa), aunque su intención de voto firme apenas alcanza el 12,3%. Otros estudios, como los de Giacobbe & Asociados y el Monitor de la UBA, confirman que la mayoría de la población percibe un empeoramiento económico. Sin embargo, la fragmentación opositora permite que La Libertad Avanza conserve la condición de primera minoría electoral. En escenarios polarizados, las mediciones muestran un empate técnico en un eventual balotaje entre Milei y Kicillof. El informe de Zuban Córdoba advierte sobre el crecimiento de la llamada manosfera, comunidades digitales que difunden discursos de corte individualista y críticas al feminismo. Aunque la mayoría de la sociedad rechaza posiciones extremas, el estudio alerta sobre la normalización de ciertas formas de violencia digital. Las encuestas coinciden en que el desencanto político y la crisis de representación marcan el pulso del escenario electoral. Con más rechazo que adhesiones en todas las figuras relevantes, los partidos enfrentan el desafío de retener a sus votantes en un clima social atravesado por incertidumbre, preocupación y bronca.
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