La Argentina ingresó en 2026 con un panorama social que vuelve a encender las alarmas. Tras dos años de una leve recuperación, la pobreza detuvo su descenso y retomó la senda ascendente. Los datos del Observatorio de la Deuda Social Argentina de la UCA, dirigidos por Agustín Salvia y elaborados a partir de las mediciones oficiales del Indec, revelan que en el primer trimestre la pobreza alcanzó el 30% y la indigencia trepó al 6,5%. Aunque la variación respecto al cierre de 2025 parece mínima, detrás de esas cifras se esconde un golpe profundo: más de un millón de personas quedaron por debajo de la línea de subsistencia en apenas unos meses. La fotografía interanual ofrece un respiro estadístico, los niveles actuales son levemente mejores que los del inicio de 2025, pero la tendencia es clara: la recuperación perdió fuerza y el deterioro volvió a instalarse. La explicación se encuentra en una combinación de factores que el Gobierno no logra contener. La inflación de alimentos, con una canasta básica que subió más de 11%, superó ampliamente el crecimiento de los salarios. El mercado laboral, sin un aumento abrupto de la desocupación, profundizó su precarización: casi la mitad de los trabajadores se desempeña en la informalidad. A esto se suman tarifas de transporte, energía y alquileres que crecen por encima de los ingresos, mientras jubilaciones y transferencias sociales pierden poder adquisitivo frente a la inflación. El informe advierte, además, sobre un fenómeno persistente: la pobreza se concentra en los más jóvenes. Casi la mitad de los niños y adolescentes vive en condiciones de privación, mientras que entre los adultos mayores la tasa apenas supera el 8%. La brecha generacional expone un riesgo cinco veces mayor para los jóvenes que para los jubilados, un dato que interpela directamente a las políticas públicas. El mapa territorial muestra un país fragmentado. El norte y el litoral concentran los mayores niveles de vulnerabilidad: Concordia encabeza con más del 52% de pobreza, seguida por el Gran Resistencia y Posadas. En indigencia extrema, el Gran Resistencia alcanza un alarmante 24%. La economía, por su parte, exhibe un contraste que desnuda la fractura estructural. Mientras sectores primarios como el agro, la energía y la minería avanzan, la industria manufacturera retrocede y el crecimiento general se desacelera. Sin una expansión genuina en los sectores intensivos en empleo, las mejoras resultan frágiles y desiguales, dejando a millones de argentinos atrapados en la supervivencia cotidiana más que en la posibilidad de desarrollo.
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