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En medio de un escenario marcado por la recesión y el ajuste presupuestario, los intendentes del conurbano bonaerense intensificaron en las últimas semanas sus vínculos con parroquias y sacerdotes para enfrentar el aumento de la demanda alimentaria y de asistencia en los barrios más vulnerables. La falta de recursos provenientes del gobierno nacional obliga a los municipios a asumir un rol central en la contención social. Leonardo Silio, párroco de San Martín de Porres en Moreno, describe un panorama alarmante: “Estamos trabajando mucho con personas en situación de calle. Vemos un crecimiento de la demanda, especialmente de jóvenes que pierden su empleo, no pueden sostener un alquiler y terminan en la calle”. Según sus registros, el número de personas que acuden a Cáritas para higienizarse pasó de 25 por día a 60 en apenas unos meses. A la precariedad habitacional se suman problemáticas de consumo y violencia que agravan la emergencia. La red de contención comunitaria se sostiene con envíos de alimentos desde Capital Humano, aunque otros recursos se han reducido. “La comida es sólo una parte. Después de recibir el plato, la persona vuelve a la calle”, advierte Silio, subrayando la necesidad de políticas integrales. En paralelo, Federico Otermin recorrió junto al obispo Jorge Lugones el barrio El Corcho, en Lomas de Zamora, donde celebraron la finalización de una obra de saneamiento hídrico impulsada desde la comunidad. “La salida es en comunidad, y este es un ejemplo de eso”, sostuvo Otermin. La articulación entre municipios y la Iglesia también se reflejó en un encuentro encabezado por Gabriel Katopodis con el presidente del Episcopado, Marcelo Colombo. Allí, el ministro bonaerense cuestionó la falta de respuesta del Ejecutivo nacional: “El Gobierno está desconectado y sin reacción. Lo que abandona la Nación lo sostienen las parroquias, las organizaciones y los municipios”.

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