La apertura del 154° período legislativo bonaerense se dio bajo un clima de confrontación que expuso las fisuras del oficialismo, la presión sindical en las calles y la ofensiva opositora dispuesta a capitalizar cada grieta. La designación de Mario Ishii como vicepresidente primero del Senado y de Sergio Berni al frente del bloque oficialista configuró un esquema que desafía la conducción de la Gobernación. Desde el círculo de Kicillof se acusó a La Cámpora de “romper los códigos de convivencia”, mientras el kirchnerismo justificó la distribución de cargos apelando a la correlación de fuerzas: 15 senadores propios, 6 del kicillofismo y 3 del massismo. En las calles, las banderas recordaban a Néstor, Balestrini y los Perón, pero la ausencia de Cristina fue un silencio ensordecedor: símbolo de una interna que ya no se oculta. En Diputados, Alejandro Dichiara asumió la presidencia con un oficialismo debilitado: primera minoría, pero obligado a pactar para avanzar en proyectos clave. La oposición, con La Libertad Avanza, el PRO y la UCR, salió a marcar agenda: boleta única, eliminación de las PASO, cobertura de vacantes en la Corte y freno a las reelecciones indefinidas. Un menú que busca instalar reformas estructurales y condicionar al Ejecutivo. Kicillof, en su discurso, apuntó contra la política económica nacional y denunció una “asfixia financiera” que, según el ministro Pablo López, se traduce en una deuda de $22,2 billones que la Nación mantiene con la Provincia. La pelea con la Casa Rosada se convirtió en el eje central del arranque legislativo. El inicio de sesiones coincidió con un paro de estatales, docentes y judiciales tras el rechazo a una oferta salarial del 3%. Liliana Olivera (FEB) exigió aumentos urgentes y mejoras en IOMA, mientras Roberto Baradel (SUTEBA) vinculó la protesta al ajuste nacional. La movilización reforzó la idea de un Ejecutivo acorralado entre la presión sindical y la falta de recursos. Desde la oposición, Juanes Osaba (La Libertad Avanza) lanzó un golpe directo: “La gestión de Kicillof está agotada”. Denunció déficits en educación y seguridad, cuestionó los salarios policiales y advirtió que el sistema está “al límite”. Su intervención buscó instalar la narrativa de un Estado sin rumbo y la urgencia de un cambio de paradigma. El arranque del período ordinario fue, entonces, mucho más que un acto protocolar: fue el retrato de un tablero político convulsionado. Un oficialismo dividido, sindicatos en pie de guerra y una oposición que huele sangre. La Legislatura bonaerense se transformó en el epicentro de una pulseada que promete definir el pulso político del año en la provincia.
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