La tensión entre Estados Unidos e Irán vuelve a escalar y se instala en el centro del tablero internacional. Mientras se aguardan nuevas conversaciones bilaterales, la república islámica lanzó una advertencia inequívoca: cualquier ataque contra su territorio será respondido con contundencia. La declaración llegó como respuesta directa a las amenazas del presidente Donald Trump, quien insinuó la posibilidad de una acción militar “restringida” si no se logra un acuerdo sobre el programa nuclear iraní. El mandatario estadounidense, decidido a presionar a Teherán, ordenó un despliegue naval y aéreo de gran magnitud en Oriente Medio. En Teherán, el portavoz de la Cancillería, Esmail Baqai, fue categórico: “No existe un ataque limitado. Toda agresión será considerada agresión. Punto final”. Sus palabras marcaron el tono de una jornada en la que la diplomacia parecía quedar relegada a un segundo plano. El viceministro Kazem Qaribabadi, por su parte, advirtió que un golpe militar podría desbordar las fronteras iraníes y arrastrar a la región hacia una espiral de violencia. En paralelo, Hezbollah anunció que no permanecería neutral si Washington decide atacar, mientras Estados Unidos evacuaba personal no esencial de su embajada en Beirut, en un gesto de prudencia que revela la magnitud del riesgo. Trump fijó un plazo de diez a quince días para decidir si recurre a la fuerza. El reloj corre mientras las delegaciones se preparan para una nueva ronda de negociaciones en Suiza, bajo mediación de Omán. Allí, el jefe de la diplomacia iraní, Abás Araqchi, se mostró optimista: aseguró que existen “buenas opciones” para alcanzar una solución diplomática y prometió entregar pronto un borrador de acuerdo a sus interlocutores estadounidenses, representados por Steve Witkoff y Jared Kushner. El telón de fondo es sombrío: las conversaciones previas quedaron interrumpidas en junio de 2025, tras la guerra desencadenada por Israel contra Irán, conflicto en el que Washington intervino bombardeando instalaciones nucleares. Hoy, con dos portaviones estadounidenses desplegados en la región y con las amenazas cruzadas en aumento, la pregunta que domina la escena es si la diplomacia logrará imponerse al ruido de los tambores de guerra.
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