El oficialismo de Javier Milei logró finalmente encaminar la reforma laboral en el Senado, pero no sin antes ceder en un punto clave: la eliminación del capítulo de Ganancias. La pulseada se resolvió tras intensas negociaciones en las que Luis “Toto” Caputo, ministro de Economía, aceptó retirar la medida que los gobernadores rechazaban de plano. La jornada comenzó con una reunión de la mesa política, donde se sentaron a discutir Patricia Bullrich, Diego Santilli y el propio Caputo. La jefa del bloque de La Libertad Avanza anunció el acuerdo junto a los senadores aliados, sellando la tregua con los sectores dialoguistas. Aunque el ministro del Interior y la senadora Bullrich se anotaron victorias internas, el verdadero triunfo fue de las provincias: su presión dejó en claro que el oficialismo no contaba con los votos suficientes para imponer la reforma sin modificaciones. La retirada del capítulo de Ganancias fue la confirmación de esa debilidad parlamentaria. Anteriormente Bullrich había convocado de urgencia a los jefes de bloques aliados para advertir que la sesión estaba en riesgo. La reunión se extendió por casi cuatro horas y allí se instaló la idea de que el Gobierno terminaría cediendo. El obstáculo era Caputo, que se resistía a abandonar su iniciativa, pese a los pedidos insistentes de Santilli y Bullrich. Un senador que sigue de cerca las negociaciones resumió la situación con crudeza: “La baja de Ganancias fue idea de Toto, y ahora le cuesta aceptar la derrota”. Los gobernadores, enfrentando la misma merma en sus arcas, se negaban a perder cuatro puntos de recaudación. Guillermo Michel había sido el primero en advertirlo públicamente. Caputo intentó condicionar la baja a un crecimiento del 4% del PBI o postergarla hasta 2028, pero ninguna opción prosperó. En paralelo, otro capítulo de la reforma se tambaleó: el traspaso del fuero laboral a la Ciudad. Desde el oficialismo señalan que Victoria Villarruel jugó un papel clave para frenar esa iniciativa, en un gesto que tensiona su relación con Milei. Sin embargo, aún resta ver cómo se resolverá en el Senado, donde la vicepresidenta no controla los votos.
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