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La industria metalúrgica volvió a cerrar un año en rojo y profundizó un ciclo de deterioro que ya se había consolidado en 2024. Según el último informe de Adimra, diciembre confirmó un escenario de recesión extendida, con menor actividad, plantas subutilizadas y caídas generalizadas en prácticamente todos los segmentos y regiones del país. En el tramo final del año, la producción del sector volvió a retroceder frente al mismo mes del año anterior y también respecto de noviembre, lo que dejó a la metalurgia operando muy por debajo de sus niveles recientes más altos, en una situación comparable con los peores momentos de la pandemia. El balance anual se suma a un año previo ya extremadamente negativo, lo que consolida una tendencia de contracción prolongada del entramado industrial. Uno de los indicadores más críticos fue el uso de la capacidad instalada, que se ubicó en niveles históricamente bajos, reflejando un aparato productivo fuertemente limitado y sin señales de recuperación en el corto plazo. El análisis por rubros mostró un comportamiento mayormente contractivo. La maquinaria agrícola volvió a retroceder, mientras que el único segmento que logró sostener un leve crecimiento fue el de carrocerías y remolques, aunque con claros signos de desaceleración tras el impulso del primer semestre. El resto de las actividades, desde fundición y autopartes hasta bienes de capital y equipamiento médico, mantuvieron una dinámica negativa. Por cadenas de valor, el panorama también fue adverso: las empresas vinculadas al agro, la energía, la minería y el complejo petrolero mostraron retrocesos, al igual que los sectores asociados al consumo final, la industria automotriz y la construcción. La caída fue transversal, sin excepciones relevantes. Desde Adimra advirtieron que el cierre de 2025 no sólo confirma la recesión, sino que profundiza un proceso regresivo iniciado el año anterior. En ese marco, señalaron que el fuerte aumento de las importaciones está desplazando producción local, en un contexto de consumo deprimido que configura un escenario crítico tanto para la industria como para el empleo. En el comercio exterior del sector, las importaciones continuaron creciendo mientras que las exportaciones siguieron en retroceso, lo que agrava el desequilibrio y presiona sobre la producción nacional. El impacto también se reflejó en el mercado laboral: el empleo metalúrgico volvió a caer en la comparación interanual, aunque sin variaciones significativas respecto del mes previo. A nivel territorial, todas las provincias relevadas registraron descensos, con especial incidencia en los principales polos industriales. Las expectativas empresariales no ofrecen, por ahora, un horizonte de mejora. La mayoría de las compañías prevé que la producción se mantendrá estancada o disminuirá en los próximos meses y no proyecta incrementos en sus planteles de personal, consolidando un clima de cautela y retracción en el corazón del entramado productivo.

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