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En medio de un año de alta inflación, con estimaciones en torno al 7% hasta las elecciones generales, los trabajadores se enfrentan a dificultades para recuperar su poder adquisitivo. Según el último informe del INDEC, el índice de salarios de abril reveló un crecimiento del 5,7% en las remuneraciones promedio de los trabajadores, muy por debajo del 8,4% de inflación registrado en el mismo período. Un estudio realizado por la consultora LCG analizó la evolución de los salarios en relación con el avance de la inflación, arrojando resultados preocupantes. En abril, el nivel general de salarios experimentó una caída del 2,5% mensual real, una vez descontado el efecto de la aceleración de los precios. En términos anuales, la disminución fue del 2,4% real. En el cuarto mes de 2023, los trabajadores del sector público sufrieron una caída aún mayor en comparación con el mes anterior, con una disminución del 4% real. Por su parte, los trabajadores informales del sector privado no registrado experimentaron una reducción del 3,3% mensual real. En contraste, los trabajadores del sector privado registraron un recorte menor, del 1,4% real. Al comparar los salarios contra diciembre de 2022, todos los sectores se vieron perjudicados frente a la inflación. Los más afectados fueron los trabajadores no registrados, con una caída del 3,7% real, seguidos por los trabajadores registrados del sector privado, con una disminución del 2,3% real. Los salarios del sector público acumularon una caída del 2,1% en lo que va del año. Según la consultora LCG, no se esperan mejoras salariales significativas durante el año 2023, a pesar de la reducción de los plazos para discutir paritarias y la posible implementación de cláusulas gatillo en algunos gremios. La aceleración de la inflación en los últimos meses y la rigidez de los salarios en comparación con el promedio de los precios no auguran una mejora real en el poder adquisitivo promedio de los trabajadores. El informe de LCG también advierte que un poder adquisitivo erosionado podría incentivar una mayor oferta de mano de obra para aumentar los ingresos familiares, lo cual, sumado a un menor nivel de actividad, podría presionar las cifras de desempleo y reducir la capacidad de negociación de los trabajadores.

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