En el mapa energético argentino, la postal de taxis varados frente a surtidores apagados se convirtió en símbolo de una tensión que excede lo técnico y se instala en lo político. El desabastecimiento de GNC en el área metropolitana no es sólo consecuencia de la ola de frío: detrás de los carteles de “sin servicio” se dibuja un entramado de decisiones erráticas, licitaciones canceladas y sospechas de negocios millonarios. Las distribuidoras activaron el protocolo de emergencia y cortaron contratos interrumpibles, esos que se ofrecen más baratos porque se suspenden cuando la demanda prioritaria, hogares primero, industrias después, exige liberar presión en la red. El resultado: estaciones cerradas y cupos estrictos en plena antesala del invierno. La paradoja es que el sistema se resiente antes de que lleguen las temperaturas más duras, lo que expone fallas de planificación. El intento oficial de delegar en privados la compra de GNL terminó en retroceso cuando las ofertas duplicaron los valores históricos. La licitación se cayó y el Estado quedó sin respaldo suficiente: de los más de veinte buques necesarios, apenas uno está confirmado. El silencio sobre el precio de ese cargamento contratado a Naturgy alimenta las sospechas en torno a la transparencia y refuerza las críticas hacia funcionarios bajo la lupa judicial. En los pasillos del sector energético circula una hipótesis incómoda: que los cortes de GNC no responden sólo a la demanda, sino a una estrategia deliberada de productores para evitar pagar el costo de importar GNL caro. La advertencia de ex técnicos como Mario Cairella sobre “riesgo de colapso” se vuelve más sonora en este contexto de improvisación y desregulación. El Gobierno insiste en liberar capacidad de transporte y dejar al mercado la asignación del recurso. Pero la consecuencia es clara: tarifas que suben, subsidios que se disparan y un sistema que revela su fragilidad estructural. La crónica política de este invierno anticipa un escenario donde la energía se convierte en campo de disputa, y donde cada decisión técnica se transforma en un gesto de poder.
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