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La imparable suba de los precios de la canasta básica, no deja dormir tranquilo al flamante secretario de Comercio Interior Roberto Feletti.  La remarcación de precios durante los primeros diez días del mes superó el 20% en varios casos. Los empresarios no lo van a admitir en público, pero esa realidad denota una situación cada vez más compleja en la economía argentina: un notable empeoramiento de las expectativas en general, y de los formadores de precios en particular. Lo que hasta hace un tiempo se asumió como la “inercia inflacionaria”, las remarcaciones amenazan con subir un escalón, en un momento en que la inflación interanual supera el 50%. Ya no es un ajuste de precios “por las dudas” sino más bien de “cobertura” ante un escenario futuro, que cada vez más empresarios piensan que podría empeorar. Feletti y los empresarios de la cadena alimenticia pusieron un cuarto intermedio para llegar a un acuerdo que congele los precios de 1.650 productos por los próximos tres meses. En el tema de la inflación puntualmente, la aceleración se vincula con un escenario cambiario que empeoró en las últimas semanas. El incremento de la presión sobre la brecha cambiaria, por pérdida de reservas, obligó al Banco Central a tomar medidas adicionales para que quienes tienen acceso al mercado “oficial” no adelanten la compra de dólares para pagar importaciones de manera anticipada. Esa decisión de Miguel Pesce posibilitó que, desde ese momento, el Central pueda comprar divisas en el mercado. La contracara radica en que se incrementó la expectativa de que, más temprano que tarde, volverá a incrementarse la presión sobre los dólares alternativos. “El riesgo de un cambio en la dinámica inflacionaria existe y es cada vez mayor”, asegura un economista que no forma parte del elenco oficial pero que suele ser consultado por la Casa Rosada. La negociación de Feletti con las principales alimenticias del país, en este contexto, parece ser más una señal en “modo campaña” que otra cosa. Más que la suerte que corra la negociación de una canasta hasta fin de año, lo que se está jugando ahora es el escenario económico para los próximos dos años. Sin un ancla de expectativas será muy difícil contener la pérdida de reservas del BCRA. Está visto que los controles, por más perfeccionamientos que aparezcan, terminan perdiendo poder con el paso de las semanas. La escalada de la inflación perturba no sólo la dinámica social y política, se da a pesar de que el Gobierno había activado los supuestos botones que enfriarían el escenario. Pero ni el atraso cambiario ni el congelamiento de las tarifas de los servicios públicos logró siquiera frenar la dinámica.

 

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