La Conferencia Episcopal Argentina tenía dos comunicados preparados. Uno, donde agradecían a los gobernantes por haber oído al pueblo, pero ante la decisión del Senado, tuvieron que enviar el segundo. La comunicación fue emitida con el visto bueno de su titular, el obispo de San Isidro Monseñor Vicente Ojea, una de las voces que mejor interpreta el pensamiento del Papa Francisco en nuestro país, pero sin personalizar: lo firma la Oficina de Comunicación y Prensa, a diferencia del anterior, que sí suscribía monseñor Ojea. El comunicado señala: “La Iglesia en la Argentina quiere ratificar junto a sus hermanos y hermanas de distintos credos y también a muchos no creyentes, que continuará trabajando con firmeza y pasión en el cuidado y el servicio a la vida. Esta ley que ha sido votada ahondará aún más las divisiones en nuestro país. Lamentamos profundamente la lejanía de parte de la dirigencia del sentir del pueblo, el cual se ha expresado de diversas maneras a favor de la vida a lo largo y a lo ancho de nuestra Patria”. Más adelante, expresa que “tenemos la certeza de que nuestro pueblo seguirá eligiendo siempre toda la vida y todas las vidas”. Y luego, a tono con varios discursos emitidos por senadores y senadoras que adscribieron al sector celeste, deja entrever cuál será la posición política de la Iglesia de acá en más: “Junto al pueblo seguiremos trabajando por las auténticas prioridades que requieren urgente atención en nuestro país: los niños y niñas que viven en la pobreza en cantidad cada vez más alarmante, el abandono de la escolaridad por parte de muchos de ellos, la apremiante pandemia del hambre y desocupación que afecta a numerosas familias, así como la dramática situación de los jubilados, que se ven vulnerados en sus derechos una vez más”. Por último, indican: “Abrazamos a cada argentina y a cada argentino; también a los diputados y senadores que valientemente se han manifestado a favor del cuidado de toda la vida. Defenderla siempre, sin claudicaciones, nos hará capaces de construir una Nación justa y solidaria, donde nadie sea descartado y en la que se pueda vivir una verdadera cultura del encuentro”.
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