En medio de la recesión, caída de salario y achicamiento de la economía, el país no puede resolver el problema del tipo de cambio. Esta cuestión no está aislada de los otros problemas de la economía, sino que es un síntoma que surge de lo anterior. La incertidumbre y la carga tributaria mataron al sector privado y, el sector público, no puede hacer despegar la economía debido a que no hay fuentes de financiamiento más que la emisión monetaria. Lo único que sabe el agente promedio de nuestro país es que en el presente y en el futuro van a faltar dólares y sobrar pesos. Las expectativas son las de un tipo de cambio más alto y una inflación que se acelera. Intentar controlar estos síntomas con paliativos es tapar problemas estructurales. Son dos caras de una misma moneda: el sector público es el que gasta internamente en exceso con el sector privado en recesión.
Roberto Frenkel advertía que la economía de la post convertibilidad era un auto con dos aceleradores y ningún freno. El sector público y el privado pujaban y la economía recuperó lo perdido para luego crecer durante menos de 5 años. Esto fue gracias a elevar el gasto en medio en una situación de tipo de cambio híper competitivo. Esto no aplica para los momentos actuales. Hoy la economía está ahogada. Con el sector público sin herramientas, hay que devolverle al sector privado algo de certidumbre y competitividad. La única forma de hacerlo es atacando de raíz el problema del tipo de cambio. La productividad de la economía no está acorde a un dólar de $75, sino que debería estar por encima, más aún para compensar, como se dijo, el crecimiento de la presión tributaria. La insistencia en “amigarse con el cepo” como sugirió la vicejefa de Gabinete, Cecilia Todesca, es una declaración con algún sesgo ideológico. Por otro lado, Federico Sturzenegger insiste en que la causalidad es inversa: la falta de dólares es a causa del cepo en un mundo donde existe abundancia de capital. Los extremos a veces se tocan. Todesca y Sturzenegger no parecen comprender que el nivel del tipo de cambio es inadecuado para los fundamentos reales de la economía.
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