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En los últimos meses, la división entre los “trabajadores esenciales” y los que no pueden salir a trabajar debido al aislamiento obligatorio planteado desde el gobierno, acentúan las diferencias laborales y salariales de unos y otros: por ejemplo, mientras en las actividades paralizadas ni se habla de paritarias y el desafío más complejo para los sindicatos consiste en tratar de mantener el empleo, en las que siguen trabajando se están negociando aumentos o bonos que permiten postergar las discusiones de los convenios hasta que se normalice la economía. Los Camioneros, el personal de supermercados, los trabajadores de la Alimentación, los telefónicos y los empleados de farmacias son algunos de los que están en negociaciones para recomponer sus salarios, pese a la generalizada caída de la actividad económica. Uno de los que picó en punta es el sindicato de los Moyano, que ya concretó de manera extraoficial su pedido a las cámaras: un bono de 10.000 pesos a cuenta de las paritarias, que comenzaron el 1° de julio. Los empresarios les dijeron que no porque, según argumentaron, el transporte automotor de cargas, aunque está exceptuado de cumplir la cuarentena, no trabaja en los niveles normales y el 80% de las empresas son PyMEs que desde hace meses sobreviven gracias al programa ATP del Gobierno que les paga la mitad de los salarios a las firmas en crisis. Los sindicalistas presionan para que se pague una suma fija como adelanto del tradicional bono de fin de año. Hasta ahora la respuesta es negativa, aunque las conversaciones se mantienen y, según los empresarios, Hugo y Pablo Moyano “plantean sus reclamos con tranquilidad y con plena conciencia del delicado momento que se vive”.

El panorama no es muy distinto en la Alimentación, en donde habrá otra reunión de empresarios y sindicalistas para intentar un acuerdo en las paritarias 2020. Luego del paro del 17 de junio por la falta de respuesta al reclamo de comenzar las negociaciones, el Ministerio de Trabajo declaró la conciliación obligatoria y así se reanudó el diálogo. Ambas partes son optimistas respecto a la posibilidad de arribar a un acuerdo: se analiza pagar una suma fija no remunerativa de 8.000 pesos en cuatro cuotas, de mayo a agosto, como una forma de postergar las paritarias al menos hasta septiembre. En Comercio, el sindicato más numeroso de la Argentina, el 80% de los trabajadores (unos 800 mil) está sin tareas por la dura crisis del sector y suspendido a través de acuerdos pactados con los empleadores con el pago del 75% del sueldo neto. Los que sí están trabajando a pleno son los empleados de supermercados y mayoristas: por eso el sindicato que lidera Armando Cavalieri pidió la semana pasada a las cámaras un bono similar al que se pagó en abril, que fue de 5.000 pesos.

Otra negociación que aún está abierta es la de las farmacias, donde las últimas estimaciones registran una caída de alrededor del 45% de las ventas. En este sector se vienen pactando incrementos en las paritarias cada dos o tres meses, y el último fue otorgado en febrero. Los trabajadores telefónicos acaban de cerrar la paritaria 2019 con un aumento del 4% acordado con Telecom, Telefónica y Claro, que les permitió compensar la inflación del año pasado, según el titular de FOETRA, Osvaldo Ladarola. Este sector tiene la particularidad de que los sindicatos negocian desde una Mesa de Unidad que integran las cuatro organizaciones gremiales con presencia en la actividad. Entre los sectores “no esenciales”, uno de los más castigados es el de la construcción. Gerardo Martínez, líder de la UOCRA, descartó que esté pensando en reclamar un aumento salarial en momentos en que, según estimó la cámara, “hasta mayo se han perdido 150.000 empleos directos registrados en un año, con una caída del 40% interanual”.

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