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Argentina caería en default el viernes salvo que el ministro de Economía, Martín Guzmán, dé un giro de 180 grados y decida pagar los intereses por USD 503 millones. En caso de entrar en cesación de pagos, las negociaciones del Gobierno con los acreedores continuarán y se van acercando las posiciones. El propio Martín Guzmán resaltó el viernes que “hay un diálogo positivo” con los distintos grupos de bonistas. Pero a pesar de estos buenos augurios por lo que se viene, llegar antes del 22 a un acuerdo mayoritario sería un verdadero milagro. Los bancos piden por lo menos 48 o 72 horas de antelación para que los clientes indiquen si aceptan o rechazan la propuesta, por lo que en la práctica no hay tiempo para divulgar una nueva propuesta y que los bonistas elijan en sólo un par de días hábiles. Las contrapropuestas presentadas por los acreedores distinguen dos tipos de bonos emitidos por la Argentina. Por un lado los colocados durante el gobierno de Mauricio Macri, a partir de 2016 y, por otra parte, los emitidos en el canje 2005. Todo esto representa una complicación adicional en las negociaciones, ya que se supone que estos últimos brindan mayor protección a sus tenedores y por ende estarían en condiciones de exigir una mejor oferta que el resto. En Wall Street piensan que las negociaciones tranquilamente podrían extenderse hasta el tercer trimestre o incluso podrían alargarse durante lo que resta de 2020.

El default tan temido podría no tener consecuencias graves y en buena medida ya se encuentra incluso descontado. Por ahora no hay peligro de que los acreedores decidan medidas extremas, como acelerar la deuda o aplicar las cláusulas de “cross default”. Si no toman ese camino, sólo entrarían formalmente en default los tres bonos que quedarían impagos el viernes, pero sin efecto sobre el resto de la deuda. Recién el 30 de junio el gobierno tiene que enfrentar otro pago de intereses: el de los bonos Par y Discount. Pero en este caso también habría 30 días adicionales de gracia para llegar a un acuerdo, o sea hasta el 30 de julio. Todas las miradas de los inversores estarán puestas en la respuesta de Guzmán. Durante toda la semana, tanto el ministro como el Presidente dieron muestras de estar dispuestos a negociar. “No somos necios, no queremos el default”, declaró Alberto Fernández. Y Guzmán aseguró que está dispuesto a analizar todas las combinaciones de quita de capital, período de gracia y cupones de interés que sugieran los bonistas. Siempre y cuando no peligre la “sostenibilidad” de la deuda a futuro.

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