Menos del 20% de los bonistas aceptaron la propuesta de canje de sus títulos soberanos emitidos por la Argentina. La operación financiera hubiera sido un éxito si alcanzaba un porcentaje cercano al 70 por ciento. Fernández no quiere caer en default y busca un ecuación política-financiera que le permita cerrar la negociación y a la vez respetar el concepto de sustentabilidad de la deuda que acordó con el Fondo Monetario Internacional. El jefe de Estado decidió respaldar y proteger a su ministro de Economía como único negociador ante los acreedores privados. Guzmán fue cuestionado dentro y fuera del Gobierno y la posición de Fernández es exactamente la misma desde que se inscribió la oferta en la Comisión de Bolsa y Valores de Estados Unidos. La deuda con los fondos de inversión es de 66.000 millones de dólares. Y la oferta presentada por la Argentina implica un formidable recorte en los intereses, una quita más leve de capital y tres años de gracia para pagar. Los acreedores privados dijeron que no en casi un 82 por ciento y ahora a Argentina no le queda otra camino que remozar la propuesta para no caer en default.
El jefe de Estado pretende evitar el default y apunta a “endulzar” la propuesta, pero no está dispuesto a “rifar” el acuerdo de sustentabilidad de la deuda que cerró con el FMI y su directora Georgieva. “Ese es nuestro límite”, repitió en Olivos. Desde esta perspectiva, la intención de Alberto Fernández es que Guzmán se tome todo el fin de semana para encauzar la negociación con los principales fondos de inversión. El ministro ya acordó videoconferencias con Pimco, Fidelity y BlackRock, tres poderosos acreedores privados que rechazaron la primera oferta inscripta en la SEC. En términos formales, la propuesta de la Argentina vence el próximo lunes a las 9 de la mañana y la intención de Economía consiste en acercar posiciones con los principales fondos y cerrar un acuerdo antes del vencimiento.
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