El Presidente apuesta a que los gremios, en las paritarias que en algunos casos ya comenzaron, sean moderados y que a diferencia de lo que ocurrió en los últimos dos años, no incluyan el pedido de la “cláusula gatillo” que actualiza los salarios de manera automática al ritmo de la inflación. “Paramos la sangría, ahora tenemos que generar una perspectiva de estabilidad”. En el oficialismo creen que se cumplió el tramo de controlar precios, pero saben que aún está pendiente la cuestión salarial.
Fernández confía en tener el respaldo de los principales dirigentes sindicales, pero admite es un objetivo difícil. “En la puja salarial cada uno defiende lo suyo y eso es comprensible”. En la Casa Rosada evitan dar un número de aumentos esperados, porque implicaría hacer una proyección de inflación, algo a lo que se rehúsa el ministro de Economía Martín Guzmán, pero deslizan de manera genérica, que esperan una banda de subas salariales que oscila entre los 25 y 35 puntos.
En la mesa chica albertista plantean variables y apuntan a voltear las cláusulas gatillo que, en términos simbólicos, implican asumir no solo que habrá inflación sino que esta podría llegar a cualquier nivel. Es decir: un registro de la incertidumbre. Ese recurso, sistematizado por los gremios durante el gobierno de Mauricio Macri para “no perder ante la inflación” es un síntoma inflacionario per se y por eso, dicen en Gobierno, en su plan más osado celebrarían que ese formato no se use en las paritarias que vienen.
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