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Alberto Fernández designó a Jorge Argüello como embajador argentino en Estados Unidos y desde allí pretende iniciar un raid diplomático que le permita construir sus propios espacios de poder en los organismos multilaterales que funcionan en Washington y actúan en sintonía con la Casa Blanca.

El presidente decidió jugar fuerte en la Organización de Estados Americanos (OEA) y el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), y aprovechará la experiencia diplomática de Argüello para tratar de coronar una jugada estratégica que le permitiría tener cierta influencia institucional en DC. Sin embargo, la movida simultánea de Alberto Fernández es compleja y depende de la voluntad de la Casa Blanca. Si Donald Trump se mantiene impasible o baja el pulgar, el presidente argentino podría tropezar en su primera incursión de política global.

Alberto Fernández cree que tiene posibilidades de influir en los comicios de la OEA, si propone una hoja de ruta que satisfaga por igual a los aliados de Nicolás Maduro y Donald Trump. Maduro seduce con el barril de petróleo a precio de amigos, mientras que Trump se apoya en el poder de los Estados Unidos para beneficiar a sus aliados de la OEA. En este contexto, la jugada diplomática del presidente se resume a un sólo concepto geopolítico: la solución pacífica a la crisis de Venezuela. Alberto Fernández evalúa que si encuentra esa salida, Maduro y Trump apoyaran a su candidato como secretario general de la OEA, y Almagro será historia en Washington.

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