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La relación entre el gremialista Héctor Daer y Alberto Fernández, no estaría atravesando el mejor de los momentos. Daer, decidió iniciar un plan de lucha ante el fracaso de las paritarias que afectará al sector de la salud justo en medio de la pandemia. Las protestas del Sindicato de Sanidad, que tendrán lugar este jueves y viernes, no tienen como destinatario directo a Fernández, pero también lo perjudica porque le abrirán un inesperado frente en el sistema sanitario cuando hace agua el plan de vacunación y se perfila la segunda ola tan temida. El ministro de Trabajo, Claudio Moroni, intervino para intentar destrabar la paritaria de Sanidad y se comprometió a trasladar a Alberto Fernández la postura de las prestadoras de salud, que en la reunión, ratificaron el retraso en los valores de las prestaciones y los aumentos de costos que sufrió el sector durante 2020, que provoca un desfase que cercano al 50%, dejó a muchas empresas “al límite de la subsistencia”. Ese problema fue el eje de las reuniones que la Federación Argentina de Prestadores de Salud (FAPS) mantuvo en enero pasado con el primer mandatario y con el jefe de Gabinete, Santiago Cafiero. Desde ese entonces, nada concreto en materia de soluciones sucedió, pese a que los prestadores de salud alertaron que iban a tener dificultades para pagar los sueldos de febrero y que se aproximaba la revisión salarial de marzo mientras había empresas que no habían podido pagar el aguinaldo. La falta de actualización de las prestaciones ya ocasionó el cierre de varios centros de salud en el conurbano bonaerense que están orientados a la atención de adultos mayores: se estima que el 10% de las clínicas está por cerrar o en proceso de concurso. Dos de ellas que cerraron, la Clínica San Andrés, en Caseros, y la Sagrado Corazón, en Hurlingham, atendían a 40.000 afiliados al PAMI. Tampoco le fue mucho mejor a Daer. Más allá del trato privilegiado que recibió por parte de Alberto Fernández por su condición de cotitular de la CGT, el líder de Sanidad soportó curiosas muestras de destrato hacia su actividad en medio de la pandemia, como la que se registró a fines de marzo de 2020, cuando el sindicato anunció con bombos y platillos que había logrado la eximición del pago del transporte para los trabajadores del sector, pero la medida, en realidad, nunca se instrumentó. El personal de salud tampoco fue vacunado al ritmo que se esperaba: aunque debía recibir las dosis de manera prioritaria, se calcula que sólo el 50% de los empleados de la actividad fue inoculado, aunque están en la primera línea de la batalla contra el COVID-19 y, por ende, expuestos a los mayores riesgos. Según las cifras del Monitor Público de Vacunación, de las 3.212.598 aplicaciones registradas en todo el país, las que fueron para los trabajadores del sistema sanitario llegaron a 1.364.154.

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