Desde el peronismo sostienen: “Hay tantas ganas de salir a la calle que, si decidimos movilizar, ponemos un millón y medio de personas sobre la 9 de Julio”. Por esa causa, Alberto Fernández, dio el guiño para que el 17 de octubre, el Día de la Lealtad peronista, se salga de la virtualidad y se concrete una movilización. Por lo que trascendió hasta ahora, esta marcha que tendrá el respaldo activo de la Casa Rosada no será importante en cantidad de gente. “Somos los que decimos que hay que quedarse en casa, por lo tanto, será una movilización con distanciamiento, tecnología y un gran despliegue en redes sociales”, anticiparon, muy probablemente estará centrada en Plaza de Mayo, pero será replicada en muchas plazas de la ciudad y la provincia de Buenos Aires y de muchas plazas del país donde la pandemia esté controlada. “De lo que se trata es de hacer algo distinto, que nos permita estar en la calle sin poner en peligro la salud, sacándonos las ganas de expresar el respaldo al Frente de Todos que está en el Gobierno y de un modo creativo y controlable, lo que no es posible de garantizar si movilizamos con todo”, explicaron en Casa Rosada. La preocupación en “la rosada”, no está enfocada en la caída de la imagen positiva de Fernández, sino en la clara percepción de un fuerte cansancio de la gente frente a la cuarentena y la necesidad de cambiar la agenda del debate público, introduciendo un nuevo concepto de posicionamiento, el de reconstrucción social, de la industria, de las exportaciones y del ambiente.
El propio Fernández quiere darle un vuelco a su gestión, realizando anuncios de impulso al consumo y a la reactivación económica en alguna fábrica, viajando una vez por semana al interior y retomando las tareas en su despacho de la Casa Rosada. Otro asunto que está pensando el jefe de Estado es si conviene presidir o no el Partido Justicialista. Son muchos los dirigentes que le vienen proponiendo que tome esa decisión, que por ahora está demorada. No dijo que no, pero tampoco puso manos en el asunto. “Tiene que ser cauto, medido, no es todavía el momento”, comentó un jefe de distrito con el que tiene mucho contacto. El dato es que cerca del Presidente ya no descartan de plano esa posibilidad. Obviamente, la prioridad es llevar adelante una gestión exigente, no sólo por los desafíos macroeconómicos, sino por las tensiones internas que se generan ante cualquier decisión que se tome, que en muchos casos van acompañadas de rumores de renuncia de distintos funcionarios, incluidos ministros. La situación por momentos es tan absurda que se tardó meses en desplazar a un secretario de Energía y, cuando finalmente se nombró a su sucesor, no sólo no asumió sino que tampoco pudo aterrizar en su despacho.
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