La escena en Balcarce 50 se tiñó de tensión en las últimas horas. Las revelaciones sobre el patrimonio de Manuel Adorni no sólo sacudieron la rutina del jefe de Gabinete, sino que obligaron al Gobierno a recalcular su estrategia comunicacional y a medir con lupa el impacto en la figura presidencial. La conferencia prevista de prensa del vocero quedó en suspenso, un gesto que en la Casa Rosada se interpreta como maniobra de contención. El oficialismo reconoce que el episodio alteró el esquema diseñado para mostrar a Adorni en gestión, con conferencias semanales y presencia reforzada en la agenda pública. Ahora, el plan se desarma y la prioridad pasa a ser bajar el ruido. En los pasillos del poder circulan reproches. Algunos ministros cuestionan el manejo político de la crisis y apuntan directamente contra Adorni, aunque sin abrir todavía una ofensiva pública. El malestar se mezcla con la preocupación por los números: las mediciones recientes muestran un leve retroceso en la imagen de Javier Milei, lo que enciende alarmas en la mesa chica. Pese a las críticas, Adorni conserva el respaldo explícito de Javier y Karina Milei. La secretaria general de la Presidencia avala su rol y, según fuentes oficiales, ya hubo conversaciones en las que el jefe de Gabinete expuso los frentes de cuestionamiento y defendió su posición. La estrategia inmediata es ganar tiempo. Semana Santa aparece como un paréntesis útil para que “baje la espuma” y, a partir de abril, retomar la agenda de reformas en el Congreso. Mientras tanto, el oficialismo busca que el caso no eclipse el resto de la gestión.
a>