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La suma de la Universidad de Oxford, el banquero mexicano Carlos Slim, el empresario argentino Hugo Sigman y los consejos del ministro de Salud Gines González Garcia, fue el combo que convenció a Alberto Fernández de avalar el proyecto científico, que terminó con el anuncio de que Argentina empezaba a producir la vacuna contra el COVID-19. Cuando definió que la Argentina como estado se sumaba a la iniciativa diseñada en Oxford, Alberto Fernández tuvo en cuenta la agenda doméstica y su posicionamiento en América Latina. El Presidente apuesta a la distribución de vacunas gratuitas durante 2021 y exhibió una inmensa sonrisa cuando ratificó que México estará en el último tramo de la producción del antídoto descubierto en Oxford. Alberto Fernández y Andrés Manuel López Obrador, tienen excelente relación personal y comparten una misma mirada ideológica respecto al futuro histórico de América Latina. Ambos mandatarios ya se comprometieron a multiplicar el comercio automotriz y a bloquear la designación del candidato norteamericano Mauricio Claver en el BID y ahora sumaron la decisión de producir la vacuna de Oxford en una secuencia que unirá Argentina y México. El jefe de Estado ratificó su voluntad geopolítica de compartir decisiones regionales con México y López Obrador transmitió su felicidad por la profundidad que empieza a denotar la agenda bilateral. Desde una perspectiva protocolar, Alberto Fernández explicó que las vacunas producidas entre Argentina y México no serían distribuidas en Brasil. Sin embargo, este anuncio mimetiza un enfrentamiento creciente con Jair Bolsonaro, que no oculta sus diferencias con el Presidente argentino, se ha plegado a la agenda de la Casa Blanca y medita congelar al Mercosur para cerrar un acuerdo de libre comercio con Estados Unidos.

En este contexto, Alberto Fernández está reformulando la política de alianzas en América Latina. Desde el inicio de la democracia, Buenos Aires siempre privilegió una agenda común con Brasilia, mientras que México aparecía muy lejos de la Argentina y muy cerca de Washington. Ahora, ese eje diplomático se ha roto, y los socios naturales en el Mercosur se miran a la distancia con un recelo que recuerda la peor época de los generales golpistas. La toma de distancia de Alberto Fernández respecto a Bolsonaro, se complementa con ciertos gestos diplomáticos que exhiben su decisión de enfriar las relaciones bilaterales con la Casa Blanca. No sólo hubo en Olivos una gesto institucional de apoyo a un emprendimiento científico que ejecutará una empresa de origen europeo, sino que además Fernández ordenó distribuir a todos los medios una carta dirigida a Vladimir Putin elogiando su vacuna contra el COVID-19. La vacuna autorizada por Putin fue cuestionada por los propios científicos rusos, pero a Alberto Fernández no le importó. La señal ya había sido enviada a la Casa Blanca: el Presidente argentino elogió una creación científica avalada por el Kremlin, y no decía nada de los esfuerzos de los investigadores norteamericanos que trabajan bajo las instrucciones directas de Trump.

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