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Sergio Berni sorprendió a todos por su protagonismo en el retén de Puente La Noria el pasado miércoles en el debut de la cuarentena reforzada. El ministro bonaerense no tiene atribución jurisdiccional para hacer lo que hizo, ni autoridad funcional para actuar de ese modo frente a una fuerza federal. En materia interna, semejante desplante aún está siendo procesado y, hacia fuera, terminó de reponer un renglón en el temario político: la gravedad que ha vuelto a adquirir la inseguridad. El problema ha vuelto a escalar sobre todo en el Gran Buenos Aires. Ese es el mensaje que transmiten intendentes del oficialismo y también de la oposición. Berni, que mezcla relaciones mejores y peores con jefes comunales, tiene el registro, a su juicio amplificado por la profunda crisis social y los desafíos prácticos que plantean día a día la cuarentena y los contagios extendidos. Por ese motivo o por cálculo político, ya había vuelto a la carga afirmando que la Provincia era desatendida en ese rubro por la Nación. Una manera de advertir sobre los riesgos y los costos compartidos que genera la inseguridad. En líneas generales, fuentes vinculadas a jefes territoriales coinciden en señalar algo así como dos etapas bien diferenciadas desde el arranque de la cuarentena. Los primeros cuarenta días se registró una baja significativa de los delitos. Fue la etapa de mayor respuesta social al aislamiento. A partir de entonces, y de manera creciente con el correr de mayo y en junio, volvió a crecer la cantidad de delitos (robos en negocios, entraderas, motochorros) y también sería mayor el nivel de violencia.

A ese cuadro, Berni le sumó una evaluación según la cual muchos de los detenidos en esta etapa no tienen antecedentes penales y lo atribuyó a la necesidad de gente que no tiene salida y lo hace para sobrevivir. Un ex funcionario de la gestión anterior dice que en situaciones muy críticas y específicas también advirtieron algo similar. No se conocen estadísticas ni otras cifras reales, desde cantidad y tipo de delitos, hasta edades. El peligro del prejuicio también opera en estos temas. El alto nivel de exposición de Berni, que en el circuito de Olivos algunos atribuyen a su proyecto personal para disputar la gobernación en tres años, generó electricidad en la primera línea del oficialismo. Alberto Fernández dejó trascender su fuerte malestar, que recreó los enojos inaugurales de gestión, a principios de año. Pero no habló, un dato teniendo en cuenta su estilo de comunicación. Sí hubo contactos con Kicillof y un pedido para bajarle el volumen al conflicto. Nadie había sugerido hasta ayer algún tipo de gestión con Cristina Fernández, única jefa real del ministro bonaerense. Existe una directa relación política y una historia de gestión nacional que lo colocó de hecho como número uno de Seguridad en el terreno, incluida aquella madrugada conmocionante en que fue encontrado muerto el fiscal Alberto Nisman. La llegada de Berni al cargo provincial fue decisión de CFK. Difícil suponer que una salida pueda ser resuelta por otro carril.

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