Mientras por la disputa de Vicentin la seguridad jurídica se pone una vez más a prueba, en el corto plazo convivirán dos pandemias: el coronavirus y el cierre masivo de comercios e industrias, ante la imposibilidad de sobrevivir por la falta de ventas por un plazo tan prolongado y disminución de la ayuda del Estado para el pago de sueldos. El acelerado aumento en la cantidad de contagios coincide con la dramática situación que atraviesan las empresas. En el momento en el que precisarían volver a la normalidad, el Gobierno planea volver a fase 1 en la zona metropolitana. El detalle es que la cuarentena lleva 90 días y todavía no hay fecha para su finalización. Haberla arrancado tan rápido, cuando todavía no había terminado el verano y aún no había circulación en la comunidad, estiró su duración hasta límites insoportables para el aparato productivo. En los últimos días se multiplicó el cierre de locales en avenidas de la ciudad de Buenos Aires que hasta hace poco tenían lista de espera. La extensión de la cuarentena en la ciudad y en el conurbano y la elevada posibilidad de que vuelva incluso a un esquema más estricto complicará todavía más las cosas. Los próximos 60 días resultarán verdaderamente dramáticos para la economía.
El jefe de Gabinete, Santiago Cafiero, adelantó en el Senado que el próximo programa de ayuda para el pago de salarios se mantendrá sólo para sectores críticos, es decir aquellos que siguen sin abrir. El resto deberá conformarse como mucho con el pago del 25% del salario a cargo del Estado. La emisión monetaria para hacer frente al déficit fiscal ya llegó a un billón de pesos y seguirá aumentado, pero no puede seguir creciendo sin límite. La estabilidad del dólar pende de un hilo, ante semejante aumento en la cantidad de dinero. Según encuestas, un 11,5% de las empresas piensa cerrar sus puertas en los próximos 30 días si “no se produce una mejora de la situación” y otro 23% piensa achicar su estructura, incluyendo la reducción de personal. Estas cifras implican que en el corto plazo podrían cerrar entre 40.000 y 50.000 establecimientos. Las pérdidas de empleo serán gigantescas. En medio de este cuadro realmente dramático para la actividad, el Presidente declaró: “Querían abrir los negocios de ropa y ahí están las consecuencias”. Alberto Fernández le echó la culpa a la supuesta mayor circulación de gente para ir a negocios de indumentaria al aumento de los contagios. Pero el apuro del sector por volver a abrir sus negocios no es un capricho o una insensibilidad. Se trata sencillamente de una cuestión de supervivencia.
La dureza y la duración son dos factores que, conjugados, vuelven a la cuarentena insoportable para sostener un negocio. También es cada vez más dura la situación para quienes trabajan en la informalidad y viven de trabajos temporales o changas. Hoy prácticamente dejaron de percibir ingresos y sólo cuentan con el Ingreso Familiar de Emergencia. Pero en 90 días con suerte han recibido $20.000, lo que ni siquiera les alcanza para superar el umbral de indigencia. Recién el 29 de abril se conocerá oficialmente la evolución de la actividad económica en abril. Pero se estima que el INDEC divulgará una caída récord cercana al 20% en relación al mismo mes del año anterior, cifras que no se veían desde principios de 2002, inmediatamente después del estallido de la convertibilidad. El derrumbe en 2020 llegaría al 10% y la Argentina sería uno de los países más afectados del mundo por el coronavirus.
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