En marzo de 2026, el índice de salarios elaborado por el INDEC volvió a poner en evidencia la fragilidad del poder adquisitivo frente a la inflación. Los sueldos crecieron 3,4% en el mes, exactamente lo mismo que el IPC, pero el acumulado del primer trimestre mostró una diferencia que golpea los bolsillos: mientras los ingresos avanzaron 8,6%, los precios treparon 9,4%. El resultado es inequívoco: los salarios siguen perdiendo terreno frente al costo de vida. El panorama sectorial expone una realidad fragmentada. En el ámbito privado registrado, la mejora fue apenas de 2,1%, mientras que en el sector público alcanzó el 5%, con disparidades entre niveles: 5,8% en el nacional y 4,7% en el provincial. El segmento informal, en cambio, mostró un salto de 4,7% en marzo y acumula un incremento interanual de 74,4%, muy por encima del resto, aunque explicado en parte por rezagos estadísticos. La comparación interanual ofrece un respiro parcial: los ingresos totales crecieron 36,4%, superando la inflación acumulada de 32,6%. Sin embargo, los trabajadores registrados quedaron rezagados, con un alza de apenas 28,1%, insuficiente para recomponer el poder de compra. El contraste más fuerte se observa en los asalariados informales, que exhiben una recomposición acelerada tras años de deterioro. Pero esta recuperación desigual desnuda las tensiones del mercado laboral: mientras los informales logran un repunte, los empleados formales, tanto públicos como privados, siguen corriendo detrás de los precios. En clave política, el informe refuerza el debate sobre la capacidad del Gobierno para garantizar una recuperación homogénea del salario real. La fotografía de marzo muestra que, pese a la mejora interanual, la batalla contra la inflación continúa abierta y que los ingresos de los trabajadores siguen siendo el terreno donde se libra la disputa central por el poder adquisitivo.
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